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Cinco pasos esenciales para reducir la grasa abdominal: la ciencia detrás de un vientre más plano

05/26 2026

La eliminación de la grasa abdominal, ese desafío persistente para muchos, es un tema recurrente en el mundo del bienestar. Lucía Aguado, una destacada licenciada en Ciencias del Deporte, ha delineado una estrategia de cinco pasos que, según ella, son cruciales para lograr una cintura más esbelta. Desmiente la creencia popular de que incontables abdominales son la solución, y subraya que el verdadero éxito radica en abordar el problema desde una perspectiva integral. La experta advierte que la mayoría de las personas, incluso aquellas que creen llevar un estilo de vida impecable, a menudo se estancan debido a un error en el último de estos cinco pilares.

Aguado derriba un mito común: la imposibilidad de seleccionar dónde quemar grasa. Por más que se intente, la ciencia ha demostrado que el ejercicio focalizado no reduce la grasa en esa área específica. La grasa del abdomen, en particular, sigue su propio ritmo y suele ser la última en desaparecer. La especialista aconseja desconfiar de promesas de soluciones rápidas y sencillas, como rutinas de diez minutos que garanticen la eliminación de grasa en la cintura. En su lugar, propone un enfoque más realista y, paradójicamente, “más fácil” al seguir sus cinco principios.

El primer pilar fundamental es la alimentación, donde Aguado se centra en el conocido déficit calórico. Sin embargo, critica la obsesión por medir meticulosamente cada caloría y macronutriente. La experta argumenta que esta precisión extrema es innecesaria e incluso absurda, dada la variabilidad entre la información nutricional de las etiquetas y el contenido real de los alimentos. Su propuesta es simplificar el proceso, pasando de una mentalidad de “comer menos” a una de “decidir menos”. Esto implica crear comidas “de confianza”: platos fáciles de preparar, nutritivos y agradables que se puedan repetir durante la semana. Al automatizar estas decisiones, se reduce la necesidad de fuerza de voluntad constante, que a menudo se agota frente a las tentaciones. No obstante, reconoce que este paso no es tan sencillo como parece, ya que la sociedad tiende a comer de forma desatenta y la falta de educación nutricional lleva a muchos a creer que se alimentan de manera más saludable de lo que realmente lo hacen.

En cuanto al ejercicio, Lucía Aguado, una excampeona mundial de culturismo, sorprendentemente no comienza con el entrenamiento de fuerza. En su lugar, enfatiza el NEAT (Gasto Energético de Actividad No Asociada al Ejercicio), que se refiere al movimiento cotidiano. Caminar es una opción ideal porque permite un gasto calórico significativo sin agotar la energía. En lugar de fijar un número de pasos diarios, la experta promueve la integración de pequeños gestos sostenibles, como caminar diez minutos después de las comidas, hablar por teléfono en movimiento o utilizar las escaleras en lugar del ascensor. Si bien la lógica de la adherencia es sólida, Aguado reconoce que el NEAT por sí solo no es suficiente. El entrenamiento de fuerza es crucial para acelerar el metabolismo, ya que el músculo es un tejido metabólicamente activo y costoso de mantener. Ganar fuerza facilita el movimiento diario, creando un “círculo virtuoso” que incrementa el gasto calórico sin apenas notarlo. Sin embargo, la constancia en el entrenamiento de fuerza sigue siendo un desafío para muchos, debido a la falta de tiempo, recursos y espacio.

El tercer paso, el descanso, aunque ya conocido, sigue siendo un aspecto subestimado. Muchas personas viven bajo un estrés constante, lo que eleva el cortisol, una hormona que favorece el almacenamiento de grasa visceral. Aguado describe el descanso como el “entrenamiento invisible”, explicando que la falta de sueño desequilibra las hormonas del hambre: aumenta la grelina (que estimula el apetito) y disminuye la leptina (que genera saciedad). Tras una mala noche, el cuerpo se programa biológicamente para buscar alimentos ricos en azúcar y grasas, lo que convierte la situación en algo que va más allá de la simple fuerza de voluntad.

El cuarto punto se centra en las hormonas, un factor que a menudo se pasa por alto, especialmente en el caso de las mujeres. Aguado destaca cómo las fluctuaciones hormonales durante el ciclo menstrual pueden provocar variaciones significativas de peso en cuestión de días. Por ello, sugiere “tirar la báscula” y utilizar una cinta métrica para seguir la evolución de la cintura, o simplemente confiar en la comodidad de la ropa como un indicador más fiable del progreso.

Finalmente, Aguado propone un cambio de identidad, que considera decisivo. En lugar de obsesionarse con la cantidad de peso a perder, insta a identificarse como una persona que cuida su salud. Este nuevo enfoque, libre de la presión de los resultados inmediatos, facilita la construcción de hábitos sostenibles y elimina la búsqueda de soluciones rápidas. Sin embargo, este último paso también presenta su complejidad. Mantener rutinas, cambiar hábitos arraigados y sostener la motivación a largo plazo no solo dependen de la disciplina individual, sino también de factores como el entorno, la salud mental, el nivel de estrés y las expectativas poco realistas generadas por las redes sociales. Por ello, la propia Aguado sugiere que el verdadero reto no está en conocer estos cinco pasos, sino en lograr mantenerlos una vez que el entusiasmo inicial ha desaparecido.