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Caminar: el elixir para la mente y el cuerpo según la neurociencia

08/23 2026

En un mundo donde la vida cotidiana nos encadena al sedentarismo, la doctora en neurociencia y psicología clínica, Noelia Samartín, emerge con una propuesta sencilla pero revolucionaria: caminar. Esta actividad, a menudo subestimada, se revela como un potente catalizador para la salud cerebral, trascendiendo la mera forma física. La neurocientífica subraya que cada paso que damos estimula la plasticidad del cerebro, optimizando la conexión entre neuronas y conservando funciones cognitivas vitales, como la memoria y la regulación emocional. Más allá de las rutinas de gimnasio, la clave reside en integrar el movimiento en nuestro día a día, interrumpiendo periodos prolongados de inactividad para cosechar beneficios duraderos en nuestra capacidad de aprendizaje, ánimo y resiliencia ante el estrés.

Vivimos inmersos en una era de inmovilidad. Horas frente a pantallas, trayectos en vehículos y el confort de la vida moderna han relegado el movimiento a un segundo plano. Aunque muchos intentan compensar esta falta de actividad con intensas sesiones de ejercicio, el sedentarismo sigue en aumento, posicionándose como una amenaza para la salud. La investigación científica ha comenzado a desvelar una conexión íntima entre la inactividad y el deterioro cognitivo, un vínculo que va más allá de las repercusiones físicas evidentes.

La Dra. Noelia Samartín, reconocida especialista en neurociencia y psicología clínica, enfatiza la importancia de caminar no solo para el cuerpo, sino también para la mente. Ella explica que la distinción entre "inactividad física" (no hacer ejercicio regularmente) y "sedentarismo" (pasar más de cuatro horas sentado o tumbado al día) es crucial. Una persona puede ser activa físicamente, cumpliendo con sus entrenamientos, y aún así llevar una vida sedentaria, con consecuencias negativas para su salud.

Nuestro organismo, modelado por milenios de constante movimiento para tareas vitales como la caza o la recolección, se encuentra ahora desincronizado con un estilo de vida que nos mantiene inmóviles durante gran parte del día. La doctora Samartín argumenta que, aunque dediquemos tiempo al gimnasio, el cerebro necesita una distribución más equitativa del movimiento a lo largo de la jornada. Interrumpir el sedentarismo con pausas activas, como levantarse cada hora, usar las escaleras o dar un breve paseo, es más eficaz que concentrar todo el ejercicio al final del día.

Caminar es mucho más que un simple ejercicio. Es un interruptor biológico que pone en marcha una serie de procesos neurológicos beneficiosos. Cada zancada impulsa la comunicación interneuronal, reforzando la plasticidad cerebral. Este efecto es fundamental para mantener la memoria, optimizar la regulación emocional y fortalecer la capacidad de adaptación al estrés. Noelia Samartín explica que el cerebro no solo coordina el movimiento, sino que también se transforma y se beneficia directamente de él.

Durante la actividad física, el cuerpo libera moléculas como el IGF-1, que viajan hasta el cerebro para estimular la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF). Este último actúa como un "fertilizante" para el sistema nervioso, potenciando la fortaleza de las conexiones neuronales y la generación de nuevas neuronas, especialmente en el hipocampo, una región vital para la memoria. Incluso una sola sesión de caminata puede mejorar significativamente la capacidad de recordar.

Los efectos positivos de caminar se extienden al bienestar emocional. La actividad física desencadena una cascada neuroquímica que modula cómo pensamos, sentimos y reaccionamos. Se elevan los niveles de serotonina, un neurotransmisor clave en el estado de ánimo, el sueño y el apetito. También aumenta la dopamina, vinculada a la motivación, y las endorfinas, que inducen una sensación de bienestar y alivian el dolor. Por ello, es común experimentar una mayor claridad mental y alivio emocional tras un paseo.

Además, caminar es un excelente entrenador para la respuesta al estrés. Aunque parezca paradójico, el ejercicio es un estresor controlado que ayuda al organismo a activar y desactivar los mecanismos de alerta de manera más eficiente. Esta adaptación mejora nuestra capacidad para enfrentar los desafíos diarios y fortalece la resiliencia emocional, permitiéndonos volver a la calma con mayor facilidad.

Respecto a la popular recomendación de 10.000 pasos diarios, la Dra. Samartín aclara que los beneficios cerebrales comienzan mucho antes. Un estudio reveló que el efecto protector contra la demencia se maximiza alrededor de los 9.826 pasos, pero con tan solo 3.800 pasos ya se obtiene la mitad de este beneficio. Sorprendentemente, superar los 10.000 pasos no incrementa la protección y, en algunos casos, puede incluso reducirla. La clave está en la constancia y en una dosis óptima de ejercicio, evitando tanto el sedentarismo como el sobreentrenamiento, que podría ser perjudicial para la salud cerebral a largo plazo.

En síntesis, la evidencia científica respalda que la constancia en el movimiento diario es más valorada por el cerebro que los esfuerzos esporádicos e intensos. La recomendación fundamental para preservar la salud cerebral es eludir el sedentarismo y realizar actividad física de manera regular, en una medida sostenible a lo largo del tiempo. Al igual que en otras esferas de la salud, el equilibrio se erige como el pilar fundamental para un bienestar óptimo.