Antiguamente, la mortalidad infantil representaba una preocupación constante para las familias. La posibilidad de que un bebé superara sus primeros meses era incierta. En este contexto, alcanzar los 100 días de vida se consideraba un logro extraordinario y una señal de esperanza. Esta etapa marcaba el fin de la fase más vulnerable, motivo por el cual se instituía una celebración para expresar gratitud por la supervivencia del infante y elevar plegarias por su bienestar futuro.
A pesar de que las circunstancias actuales han mitigado los riesgos de la mortalidad infantil, el "Baek-il" ha perdurado a lo largo del tiempo, trascendiendo su origen práctico. Esta festividad se ha arraigado profundamente en la cultura coreana, convirtiéndose en una de las costumbres familiares más valoradas. La Asia Society destaca su relevancia continua en la vida de muchas familias, quienes ven en ella una oportunidad para conectar con sus raíces y celebrar la vida.
Aunque cada familia adapta el "Baek-il" a sus propias preferencias, existen elementos recurrentes que conforman la esencia de la celebración. Es común que parientes y amigos se reúnan para compartir una comida festiva, brindando por el crecimiento y el porvenir del bebé. El pequeño protagonista suele vestir el "hanbok", el traje tradicional coreano, inmortalizando el momento con fotografías. Un dulce arroz blanco, conocido como "baekseolgi", que simboliza pureza, se distribuye entre los allegados como un augurio de buena suerte y felicidad.
En la actualidad, la celebración del "Baek-il" refleja una amalgama de prácticas antiguas y enfoques contemporáneos. Algunas familias optan por encuentros íntimos, mientras que otras organizan eventos más elaborados. No obstante, el propósito fundamental permanece inalterado: hacer una pausa para reconocer y festejar que el bebé ha superado sus primeros meses de vida, consolidando lazos familiares y proyectando un futuro promisorio.
La importancia del "Baek-il" va más allá de la mera celebración del bebé. Este período de 100 días es también un tiempo de profunda transformación para los padres. Son semanas intensas, a menudo agotadoras, en las que aprenden a descifrar las necesidades del recién nacido, a adaptarse a nuevos ritmos de sueño y a encontrar su propio camino como familia. Es una etapa de crecimiento y descubrimiento mutuo que, aunque universal, pocas culturas celebran de manera tan explícita como la coreana.
Aunque en muchos países la primera gran celebración suele ser el primer cumpleaños, la tradición coreana del "Baek-il" resuena con la experiencia de padres y madres en todo el mundo. Los primeros 100 días representan un verdadero desafío, lleno de pequeños triunfos y momentos que se graban en la memoria. Esta costumbre nos invita a apreciar y celebrar esas pequeñas metas que, para cualquier progenitor, son hitos fundamentales en el viaje de la crianza. Tal vez no sea necesario vivir en Corea del Sur para encontrar un motivo para conmemorar los primeros 100 días de un hijo, reconociendo la magnitud de esta etapa vital.