La adopción de un estilo de vida que promueva la salud y el control riguroso de los factores de riesgo asociados a enfermedades cardiovasculares son elementos esenciales en la prevención de trastornos neurológicos como el ictus, el Alzheimer y el Parkinson. Así lo subrayan especialistas de la Fundación Casaverde, coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial del Cerebro, un evento que resalta la necesidad de proteger nuestro órgano más complejo y vital.
Desde la Fundación Casaverde se insiste en la trascendencia de sensibilizar a la comunidad sobre la custodia y salvaguardia del cerebro. Este órgano, director de las funciones vitales, el pensamiento, las emociones, la memoria y el movimiento, demanda una atención constante a lo largo de toda la existencia para garantizar el bienestar integral de la persona y mitigar la aparición de afecciones neurológicas.
María Morejón, directora de la Clínica Casaverde Murcia, resalta la imperatividad de incorporar prácticas preventivas diarias. Es crucial mantener una condición cardiovascular óptima, controlando la presión arterial, los niveles de glucosa y el colesterol. Igualmente, es vital combatir el sedentarismo y establecer rutinas de actividad física regular.
Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que la hipertensión arterial es el principal precursor del ictus, triplicando su riesgo. La hipertensión, la diabetes y el colesterol alto figuran entre los principales factores modificables de riesgo de demencia. En este sentido, estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN) sugieren que una prevención adecuada y el control de estos elementos podrían evitar hasta el 90% de los accidentes cerebrovasculares.
Morejón enfatiza también la necesidad de erradicar costumbres perjudiciales como el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, que se encuentran entre los factores de riesgo modificables más relevantes para la demencia. De hecho, el alcohol contribuye hasta en un 40% de los casos de demencia a nivel global.
En contraste, la directora de la Clínica Casaverde Murcia aconseja la implementación de hábitos alimenticios saludables, respaldados por evidencia científica, haciendo especial hincapié en la dieta mediterránea debido a su conexión directa con un mejor rendimiento cognitivo durante el envejecimiento. Además, subraya la importancia de mantener un descanso reparador, reducir el estrés crónico y practicar la estimulación cognitiva de manera regular. A pesar de los innegables beneficios de ejercitar la mente, las cifras indican que más del 35% de la población española no dedica tiempo a actividades intelectuales y hasta un 60% no ha adquirido nuevos conocimientos en el último año.
Respecto a los peligros del estrés prolongado, Laura Martín-Romo, neuropsicóloga del Hospital Casaverde Extremadura, advierte que la tensión sostenida altera la regulación inmunológica, generando un estado proinflamatorio que daña el sistema nervioso y modifica la estructura cerebral, pudiendo reducir el tamaño del hipocampo, esencial para la memoria. Por tanto, gestionar el estrés no es solo una recomendación de bienestar, sino un auténtico acto de neuroprotección.
Finalmente, la Fundación Casaverde destaca la relevancia de dos conceptos clave de la neurociencia: la plasticidad neuronal y la neurogénesis en la edad adulta. La plasticidad neuronal permite al sistema nervioso reorganizar sus conexiones en respuesta a la experiencia y el ejercicio. La actividad física regular, especialmente el ejercicio aeróbico, incrementa los niveles de BDNF, una proteína vital para la conexión neuronal, y se ha vinculado con un mayor volumen del hipocampo en adultos mayores. La actividad intelectual y social continuada también ayuda a la resiliencia cerebral, posponiendo la aparición de síntomas de deterioro cognitivo. La neurogénesis en adultos, es decir, la formación de nuevas neuronas, se potencia con la estimulación física, intelectual y social, con evidencia de que el hipocampo humano continúa generando neuronas hasta la novena década de vida en individuos sanos.
En resumen, la prevención ofrece una valiosa oportunidad para proteger la salud cerebral y disminuir el riesgo de deterioro cognitivo y otras afecciones del sistema nervioso. Mantener la presión arterial bajo control, realizar actividad física periódicamente, asegurar un sueño adecuado, seguir una alimentación balanceada y conservar la actividad intelectual son medidas probadas científicamente. Sus beneficios son mayores cuando se adoptan tempranamente, se mantienen en el tiempo y se cultivan en un entorno que favorece su cumplimiento.