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Cómo ciertas frases de los padres afectan la resiliencia infantil

06/18 2026

Todos los padres y madres anhelamos la felicidad de nuestros hijos. Por ello, ante su sufrimiento, nuestra reacción instintiva es consolarlos rápidamente. Ofrecemos consuelo, abrazos y, en ocasiones, repetimos frases que escuchamos de nuestros propios padres.

Sin embargo, algunas de estas expresiones transmitidas de generación en generación, aunque cargadas de afecto e intenciones positivas, pueden generar efectos no deseados. Inadvertidamente, pueden comunicar que ciertas emociones son inapropiadas, exageradas o que deben ser suprimidas de inmediato. Esta dinámica puede obstaculizar considerablemente el desarrollo de la resiliencia en los niños.

La resiliencia no implica una fortaleza constante, sino la habilidad de superar adversidades, gestionar las emociones y recuperarse después de los tropiezos. Para cultivar esta cualidad, los niños necesitan conectar con su mundo emocional. Solo al comprender lo que sienten, podrán elegir estrategias adecuadas para enfrentar los problemas. De hecho, estudios recientes confirman que la capacidad de identificar y regular las emociones desde una edad temprana es un factor predictivo clave de la resiliencia infantil. No se trata de eliminar las emociones, sino de validarlas y enseñarles a manejarlas.

Algunas frases comunes, aunque bienintencionadas, pueden ser contraproducentes. Por ejemplo, al decir "ya pasó, no pasa nada" después de una caída o un disgusto, minimizamos la experiencia del niño. Para él, el incidente sí tuvo importancia, y su cerebro aún está aprendiendo a procesar esas emociones. Frases como "no seas exagerado" invalidan sus sentimientos, enseñándoles a desconfiar o a ocultar lo que sienten, lo cual dificulta el desarrollo de la inteligencia emocional. En lugar de eso, podemos decir "veo que estás triste, cuéntame qué pasó" o "¿qué es lo que más te ha afectado?". Esto les permite expresar sus emociones y favorece la autorregulación.

Asimismo, la frase "tú puedes con todo" puede parecer motivadora, pero transmite la idea errónea de que la fortaleza reside en la autosuficiencia total. La verdadera resiliencia se nutre de la capacidad de pedir ayuda y reconocer límites. Es más beneficioso decir: "Confío en que puedes manejar esto, pero si necesitas ayuda, aquí estoy". Otra expresión común, "los niños grandes no tienen miedo", asocia el crecimiento con la ausencia de temor, haciendo que el niño perciba el miedo como una debilidad. El miedo es una emoción natural y adaptativa; la resiliencia consiste en aprender a gestionarlo, no en eliminarlo. Una mejor alternativa sería: "Es normal sentir miedo a veces, lo importante es no dejarte vencer por él". Finalmente, "no te preocupes por eso, eres muy pequeño" busca proteger, pero puede invalidar las preocupaciones infantiles y generar más ansiedad. Es preferible ofrecer explicaciones adaptadas a su edad: "Es una pregunta importante. Te lo explicaré de forma que puedas entenderlo", fomentando así su comprensión del mundo.

Como padres, a menudo carecemos de herramientas para acompañar el sufrimiento ajeno, especialmente el de nuestros hijos, y buscamos eliminarlo lo antes posible. Sin embargo, el verdadero apoyo emocional consiste en acompañar y validar. La resiliencia no se construye silenciando rápidamente las emociones desagradables, sino enseñando a los niños que pueden sentirlas y, aún así, superarlas. Esta es, sin duda, una de las enseñanzas más valiosas que podemos ofrecerles para su bienestar a lo largo de toda su vida, capacitándolos para afrontar los desafíos con inteligencia emocional y confianza en sí mismos.