Al preparar el lugar de descanso de un recién nacido, es habitual pensar en añadir accesorios que lo hagan más acogedor. Sin embargo, durante los primeros meses, la sencillez es fundamental. La Asociación Española de Pediatría (AEP) subraya la importancia de que los bebés duerman boca arriba, en una superficie de descanso firme y despejada de cualquier objeto blando que pueda dificultar su respiración. Antes de incorporar cualquier elemento adicional, es esencial saber qué se debe mantener fuera de la cuna y cómo abrigar al pequeño de forma segura.
Existen diversos artículos que, aunque bienintencionados, pueden representar un peligro en el entorno de sueño del bebé. Las almohadas y cojines no son necesarios para los recién nacidos y se desaconsejan hasta los dos años debido al riesgo de asfixia. Las mantas y edredones sueltos pueden deslizarse y cubrir la cara del bebé, por lo que es preferible evitarlos. Los peluches y otros juguetes decorativos también deben permanecer fuera de la cuna mientras el bebé duerme. Los protectores de barrotes acolchados, nidos y reductores no contribuyen a un entorno seguro y, en algunos casos, pueden incrementar los riesgos. Además, los juguetes colgantes al alcance del bebé y los cordones cercanos a la cuna deben eliminarse para evitar estrangulamientos. Finalmente, el exceso de ropa y calor también puede ser perjudicial, según la AEP.
Para que el bebé descanse adecuadamente, no es necesario sobrecargar la cuna con accesorios. Lo más importante es asegurar un espacio que cumpla con las directrices de seguridad. Un colchón firme y perfectamente ajustado a las dimensiones de la cuna es fundamental, sin dejar huecos donde el bebé pueda quedar atrapado. Una sábana bajera bien sujeta, sin pliegues, es el único textil necesario en la superficie de la cuna. El espacio de descanso debe ser estable, estar homologado y no estar cerca de fuentes de calor o frío extremos, ni de objetos que puedan caer sobre el bebé. La posición recomendada para dormir, tanto de día como de noche, es boca arriba, nunca de lado ni boca abajo.
Una preocupación común, especialmente con la bajada de temperaturas, es cómo mantener al bebé cálido sin recurrir a mantas sueltas. Una excelente opción es el saco de dormir para bebés, siempre que sea del tamaño adecuado, sin capucha y que permita la libre movilidad de las piernas. Al ajustarse al cuerpo, minimiza el riesgo de que la tela cubra el rostro del bebé. Es vital elegir un modelo apropiado para la temperatura ambiental y seguir las instrucciones del fabricante. Otra alternativa es vestir al bebé con un pijama adecuado a la temperatura o con varias capas finas de ropa, evitando siempre el exceso de abrigo. Para verificar si el bebé está demasiado caliente, se puede tocar su pecho o nuca; si está sudoroso, es posible que esté demasiado abrigado. La temperatura de manos y pies puede ser más fría sin que esto signifique necesariamente que el bebé tenga frío.