La psicóloga Irene Zamora Sauma, con dos décadas de experiencia en desarrollo personal y profesional, comparte su perspectiva sobre la autorregulación emocional. Integra métodos como el mindfulness, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la arteterapia y la bioenergética para asistir en desafíos como la ansiedad, el estrés y la gestión de la ira.
Irene Zamora explica la autorregulación emocional como la facultad de manejar conscientemente nuestras respuestas emocionales. Resalta el propósito fundamental de las emociones, que actúan como señales para la adaptación y la motivación. Destaca que la verdadera regulación implica una escucha activa de nuestro sentir, permitiéndonos elegir respuestas alineadas con nuestros valores y propósitos, en lugar de reacciones impulsivas.
Aborda la dificultad que enfrentan muchas personas para regular sus emociones, incluso cuando las entienden a nivel racional. Subraya que la racionalización puede no conectar con la experiencia emocional profunda, y que las respuestas automáticas del organismo requieren una relación consciente. La clave reside en cuestionar patrones aprendidos y desarrollar nuevas formas de interactuar con nuestras emociones, transformando respuestas automáticas en elecciones conscientes.
Se enfatiza que nuestros modos de regulación emocional, a menudo inconscientes, están arraigados en cómo aprendimos a interactuar con nuestras emociones desde la niñez. Los mensajes explícitos e implícitos recibidos en el entorno familiar, social y cultural moldean nuestra percepción sobre qué emociones son aceptables. Estas estrategias, útiles en el pasado, pueden volverse ineficaces en la adultez, requiriendo una revisión consciente para el bienestar actual.
Irene Zamora detalla cómo el mindfulness, con sus pilares de presencia, atención, no juicio y observación, ofrece un camino para transformar nuestra relación con la experiencia. La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) complementa esto, al subrayar la importancia de reconocer y aceptar nuestras vivencias para poder transformarlas. Ambas metodologías fomentan un compromiso genuino con uno mismo, permitiendo resignificar experiencias pasadas y tomar decisiones conscientes para el presente.
Resalta la relevancia del cuerpo en la autorregulación emocional, citando a Antonio Damasio sobre la interconexión entre cuerpo, emoción y razón. Explica que el cuerpo a menudo comunica información emocional antes que la mente consciente. Escuchar las sensaciones corporales se convierte en una vía crucial para comprender nuestras emociones y las necesidades subyacentes, enriqueciendo nuestra comprensión de la experiencia.
La arteterapia se presenta como un medio para hacer visible lo que las palabras no pueden expresar. Permite acceder a dimensiones de la experiencia que la mente racional podría eludir, utilizando el lenguaje de formas, colores y símbolos. Este enfoque facilita la exploración terapéutica de elementos inconscientes, abriendo nuevas vías de expresión y comprensión personal.
La falta de autorregulación se manifiesta en el dolor, el malestar y una sensación de desconexión en diversos ámbitos. En el trabajo, puede llevar a la reactividad y el agotamiento; en las relaciones, a conflictos y desconexión; y en la crianza, a reacciones automáticas en lugar de respuestas conscientes. La vida se vuelve más automática que elegida, resultando en una falta de plenitud.
Se distingue claramente la autorregulación saludable de la represión o el control rígido de las emociones. La represión no elimina la emoción, sino que puede intensificarla o manifestarla de otras formas. La autorregulación, en cambio, implica sostener las emociones sin que dicten automáticamente el comportamiento, lo que conduce a una mayor libertad, comprensión y compasión hacia uno mismo y hacia los demás.
El programa de bienestar estructurado en 9 semanas busca empoderar a los participantes con herramientas para gestionar sus emociones, promoviendo un cambio de rol de dependiente a participante activo en su propio proceso. Este enfoque sostenido, basado en evidencia científica y adaptado individualmente, permite el desarrollo de nuevos hábitos y patrones de conducta, culminando en una relación más consciente y compasiva consigo mismo.
Para quienes desean iniciar su propio camino hacia la autorregulación, se recomienda comenzar con la escucha activa de uno mismo. Prácticas como el mindfulness y el journaling, junto con la consulta de fuentes rigurosas, son sugeridas. La clave es detenerse diariamente para inquirir sobre el propio sentir, las sensaciones corporales y los pensamientos presentes, reconociendo que la autorregulación comienza con la escucha.
A quienes se sienten abrumados por sus emociones, se les aconseja no intentar ordenar o eliminar lo que sienten, sino acercarse con curiosidad. Las emociones no son el problema, sino mensajeras de información interna. Buscar apoyo profesional se considera fundamental, no como una delegación, sino como un acompañamiento para comprender, aprender y desarrollar recursos, asumiendo la responsabilidad de la propia experiencia sin necesidad de hacerlo en soledad.