Millones de parejas alrededor del mundo comparten el ritual nocturno de acostarse juntos, un momento de conexión y tranquilidad antes del sueño. Sin embargo, factores como el calor veraniego, los ronquidos, los horarios dispares o los movimientos durante la noche, pueden poner a prueba esta convivencia en la cama. Cuidar el sueño es fundamental para el bienestar individual y el de la relación, impactando en el estado de ánimo, la paciencia y la comunicación. Ante estas interrogantes, el catedrático de Psicología Alfredo Rodríguez-Muñoz, director del Departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, arroja luz sobre cómo las parejas pueden encontrar el equilibrio perfecto entre la intimidad y un descanso de calidad, incluso considerando opciones como dormir separados para preservar la armonía.
El 7 de julio de 2026, el catedrático Alfredo Rodríguez-Muñoz, experto en sueño de la Universidad Complutense de Madrid, compartió importantes perspectivas sobre el descanso en pareja. Según el profesor Rodríguez-Muñoz, aunque dormir acompañado puede generar una sensación de seguridad y cercanía, factores como la búsqueda de libertad de movimiento, la temperatura corporal y la postura más cómoda para el descanso individual, hacen que sea completamente normal que las parejas, que inician la noche abrazadas, terminen durmiendo cada una en un lado de la cama. Este fenómeno se acentúa en las cálidas noches de verano, cuando el cuerpo busca naturalmente enfriarse para conciliar el sueño.
Rodríguez-Muñoz enfatiza que el objetivo de dormir en pareja no es compartir el colchón a toda costa, sino asegurar que ambos individuos logren un descanso reparador. Subraya que la intimidad no exige una cercanía física constante durante las ocho horas de sueño; a menudo, unos pocos minutos de contacto antes de dormir son suficientes para fortalecer el vínculo emocional. El especialista desaconseja normalizar problemas como los ronquidos intensos o los movimientos excesivos, instando a las parejas a buscar la causa de estas interrupciones, ya que pueden deteriorar la calidad del sueño de ambos y, por ende, la dinámica de la relación. En casos de ronquidos persistentes con pausas respiratorias, recomienda consultar a un especialista para descartar condiciones como la apnea del sueño. Asimismo, ante un sueño inquieto o despertares frecuentes, aconseja revisar los hábitos de sueño y considerar una evaluación médica.
El catedrático también aborda el concepto del «divorcio del sueño», una práctica cada vez más aceptada en la que las parejas eligen dormir en camas o incluso habitaciones separadas. Lejos de ser un síntoma de crisis, esta decisión puede ser una estrategia inteligente para proteger el descanso individual, especialmente cuando existen diferencias significativas en los horarios de sueño, problemas de ronquidos o sensibilidad al movimiento. Sin embargo, Rodríguez-Muñoz advierte sobre la importancia de que esta separación física nocturna no se traduzca en una distancia emocional. Recomienda a las parejas mantener rituales de conexión, como cenar juntos, charlar antes de acostarse o buscar otros momentos del día para fomentar la intimidad y la cercanía, asegurando que la relación se fortalezca en lugar de desgastarse. En última instancia, la clave reside en encontrar un acuerdo mutuo que favorezca tanto el descanso individual como la salud de la relación, reconociendo que no existe una única fórmula ideal para dormir en pareja.
Este análisis nos invita a repensar la forma en que abordamos el sueño en el contexto de una relación. La calidad del descanso es un pilar fundamental para el bienestar individual y, por extensión, para la salud de cualquier vínculo. Reconocer que las necesidades de sueño pueden variar entre las personas y que no existe un modelo único de “dormir bien en pareja” es un paso crucial. El profesor Rodríguez-Muñoz nos muestra que la flexibilidad, la comunicación abierta y la disposición a encontrar soluciones creativas, como el “divorcio del sueño” bajo ciertas condiciones, pueden ser herramientas valiosas para fortalecer la relación. La verdadera prueba de amor, según el experto, no reside en compartir el mismo colchón incondicionalmente, sino en el cuidado mutuo del descanso, lo que se traduce en una mayor paciencia, mejor humor y una comunicación más fluida en la vida diaria. Al final, se trata de una negociación constante entre la intimidad y la necesidad biológica de un sueño reparador, un equilibrio que cada pareja debe encontrar para florecer.