En nuestra sociedad, el reconocimiento de los propios logros a menudo se confunde con la vanidad o la arrogancia, lo que dificulta que muchas personas acepten cumplidos sin restarle valor a su esfuerzo. La psicóloga María Jesús Andrés, de Psicomaster, enfatiza la crucial diferencia entre una autoestima sana, que permite celebrar los éxitos, y la falsa modestia que nos impide valorar nuestras capacidades. A través de este análisis, desvelaremos los mecanismos psicológicos detrás de esta reticencia y ofreceremos estrategias para cultivar una percepción más equilibrada de nosotros mismos, destacando la importancia de un diálogo interno constructivo y la celebración de cada hito personal.
En la brillante mañana del 18 de octubre de 2026, la psicóloga María Jesús Andrés, una voz autorizada de Psicomaster, compartió sus profundos conocimientos sobre un fenómeno común pero a menudo incomprendido: la dificultad de las personas para aceptar cumplidos y reconocer sus propios méritos sin restarles importancia. Su análisis, publicado en la revista “Estar Bien”, subraya que, aunque la modestia es una cualidad apreciada, su aplicación excesiva puede ser perjudicial para la autoestima. Según la experta, la sociedad nos ha inculcado la idea de que los aciertos son simplemente nuestra obligación, mientras que los errores merecen toda nuestra atención, creando un desequilibrio en cómo percibimos nuestros logros.
La Dra. Andrés explicó que esta reticencia a celebrar los éxitos se origina en varias fuentes psicológicas. Una de ellas es el temor a ser percibidos como arrogantes o a despertar la envidia en los demás. Otra, la constante exigencia personal que nos lleva a buscar el siguiente desafío en lugar de saborear la victoria actual. «Con esa manera de medirnos, los aciertos apenas cuentan», afirmó la especialista, destacando cómo este ciclo perpetuo de insatisfacción nos priva de momentos de goce y reconocimiento.
Además, la Dra. Andrés abordó la "trampa de la comparación", donde la autoestima se define por la superioridad sobre los demás. Una autoestima saludable, explicó, permite reconocer las propias fortalezas sin necesidad de desmerecer a otros. Es la capacidad de estar satisfecho con el trabajo propio y, al mismo tiempo, admirar el esfuerzo ajeno, o de aceptar los errores sin sentir que desacreditan por completo la valía personal. La confianza en uno mismo, según su perspectiva, abre la puerta al aprendizaje, a la petición de ayuda y a la posibilidad de no tener que destacar siempre.
Para identificar si se está subestimando un mérito, la psicóloga señaló tres señales clave: primero, atribuir sistemáticamente los éxitos a la suerte o a la ayuda externa, mientras que se asume toda la responsabilidad por los fallos; segundo, rechazar los elogios de forma refleja, minimizando su importancia o enumerando lo que salió mal; y tercero, celebrar efusivamente los logros de otros, mientras que los propios se consideran insignificantes. «Ese doble criterio dice mucho: quizá nuestra valoración está siendo bastante más severa de lo que creemos», advirtió.
Como solución, la Dra. Andrés propuso un enfoque sencillo pero transformador: describir los logros sin restarles valor. Por ejemplo, al preparar bien una reunión o afrontar una conversación difícil, simplemente reconocer el esfuerzo sin necesidad de publicarlo. También instó a aprender a recibir cumplidos con un simple "gracias", sin apresurarse a corregir a quien los ofrece. Reconocer la ayuda recibida y la propia contribución al mismo tiempo es otro paso importante. La experta enfatizó que si compartir una alegría causa incomodidad, no significa que sea inadecuado, sino que se puede estar poco acostumbrado a ello.
Finalmente, la Dra. Andrés hizo hincapié en la importancia de ajustar el diálogo interno. No es lo mismo pensar que una conversación salió mal que concluir que uno es un "desastre" total. El diálogo interno constructivo implica centrarse en los hechos, qué ocurrió, qué parte dependía de uno y qué se puede hacer de otra manera. «Hablarnos mejor no obliga a convencernos de que todo lo hacemos estupendamente. Significa poder corregirnos sin insultarnos y conceder a lo que hacemos bien la misma atención que damos a nuestros fallos», concluyó la psicóloga, ofreciendo una guía para una relación más saludable y justa con uno mismo.
La sabiduría que nos brinda la Dra. María Jesús Andrés nos invita a una profunda introspección sobre cómo nos valoramos y cómo interactuamos con el reconocimiento externo. Su mensaje resuena con una verdad fundamental: la modestia, cuando es excesiva, puede convertirse en una barrera para el bienestar psicológico y el crecimiento personal. Nos impulsa a cuestionar los patrones aprendidos que nos llevan a devaluar nuestros éxitos y a abrazar una autoestima más equilibrada. Al aprender a aceptar los cumplidos con gratitud y a reconocer nuestros propios méritos sin temor, no solo fortalecemos nuestra confianza, sino que también cultivamos una relación más compasiva y justa con nosotros mismos. Este cambio no es un acto de vanidad, sino un paso esencial hacia una vida más plena y auténtica, donde cada logro, por pequeño que sea, se celebra como parte integral de nuestro camino.