Experimentar períodos de alto estrés a menudo coincide con la sensación de que nuestra memoria flaquea. Olvidamos objetos cotidianos, nos cuesta retener información reciente o nos quedamos en blanco en momentos inoportunos. Esta situación, lejos de ser un mero olvido, se relaciona profundamente con cómo nuestro cerebro gestiona sus recursos ante la presión constante. La psiquiatra Marian Rojas Estapé y la neuropsicóloga Valeria Medina revelan que la mente, al estar en un estado de alerta prolongada, desvía su "energía mental" hacia la supervivencia, dejando en segundo plano las funciones de aprendizaje y consolidación de recuerdos.
El 31 de agosto de 2026, la reconocida psiquiatra Marian Rojas Estapé, autora de obras como Cómo hacer que te pasen cosas buenas y Recupera tu mente, reconquista tu vida, compartió una esclarecedora reflexión. Según Estapé, si una persona permanece en un estado de alerta constante, su "batería mental" se consume principalmente en la supervivencia, impidiendo el óptimo funcionamiento de la memoria y el aprendizaje. Este concepto de "batería mental" es una metáfora para ilustrar los recursos cognitivos limitados de nuestro cerebro, especialmente en lo que respecta a la atención. La corteza prefrontal, esencial para la concentración y la resolución de problemas, ve mermada su capacidad cuando el estrés la mantiene en un estado de alarma. Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUp, complementa esta visión señalando que la memoria episódica, encargada de registrar nuestras vivencias con sus respectivos contextos de tiempo y lugar, es particularmente vulnerable al estrés. El hipocampo, estructura cerebral crucial para tejer los diversos hilos de una experiencia —personas, escenarios, secuencia de eventos y emociones— en un recuerdo cohesivo, se ve afectado. La liberación de cortisol y otras sustancias químicas durante el estrés lleva al cerebro a priorizar la identificación de amenazas, lo que desvía recursos de otras funciones cognitivas. Esto explica por qué, a pesar de recordar con intensidad la carga emocional de un evento estresante, los detalles específicos pueden parecer confusos o incompletos. No se trata de un borrado total de la memoria, sino de una codificación parcial o una dificultad temporal para recuperar la información.
Esta reveladora perspectiva nos invita a reflexionar sobre la importancia de gestionar el estrés en nuestra vida diaria. En un mundo cada vez más exigente, la sobrecarga de información y la presión constante pueden mantenernos en un estado de alerta perpetuo. Comprender cómo esta dinámica afecta nuestra capacidad para aprender, memorizar y, en última instancia, para vivir plenamente, es fundamental. Es un llamado a la acción para priorizar el bienestar mental, buscar métodos de relajación y dar a nuestro cerebro el espacio necesario para que sus valiosos recursos no se agoten en la mera supervivencia, sino que puedan dedicarse también a la creación de recuerdos claros y el desarrollo cognitivo.