Existe una línea delgada entre el autocuidado genuino y una autocrítica excesiva, similar a cómo la sociedad percibe el compromiso con la salud. No todo nuestro bienestar depende de la pura determinación; factores como el sueño interrumpido por el calor o imprevistos familiares pueden afectar nuestras elecciones diarias, como la dieta y el ejercicio. Sin embargo, no deberíamos sentirnos culpables por estas desviaciones ocasionales del plan.
Por otro lado, adoptar una perspectiva que prioriza la resiliencia ante las circunstancias es crucial, especialmente con los cambios hormonales que experimentan las mujeres. Muchas enfrentan dificultades para dormir debido a estas fluctuaciones, pero no todas se rinden a sus consecuencias. Superar estos desafíos requiere un esfuerzo considerable que, sumado a las responsabilidades diarias, puede resultar abrumador.
Como en la mayoría de los aspectos de la vida, se necesita equilibrio y comprensión. Este entendimiento es clave para evitar la polarización de opiniones. Algunas mujeres creen que se cuidan adecuadamente según sus circunstancias, pero al consultar a profesionales, descubren que muchas de sus prácticas no contribuyen a su salud. Si no tienen la oportunidad de recibir orientación experta, pueden sentirse atacadas al escuchar que la mejora está en sus manos. A menudo, su esfuerzo no es insuficiente, sino mal dirigido, y recibir críticas no es agradable.
El escenario físico cambia considerablemente después de los 40, pero no debemos dejarnos llevar pasivamente por estos cambios. Tenemos una gran capacidad para influir en este nuevo entorno biológico. La entrenadora Isabel del Barrio insiste en que la perimenopausia, la menopausia o la edad no son los culpables de no alcanzar los objetivos deseados. Aunque los factores fisiológicos y hormonales evolucionan, no impiden lograr lo que buscamos.
Su enfoque no ha pasado desapercibido, generando debate. En una sociedad donde el juicio es severo y la empatía escasa, algunos interpretan su mensaje como una carga de responsabilidad tóxica. Sin embargo, lo que Isabel del Barrio realmente sugiere es que, aunque el cambio es natural, se puede abordar de manera organizada con un plan estructurado. Sin una estrategia, los signos del envejecimiento pueden pasar desapercibidos hasta los 35, pero a partir de los 40, es innegable que muchas no se sienten ni se ven bien.
Isabel del Barrio subraya que a partir de los 40 no solo hay que cuidarse mucho, sino "mucho y muy bien". Caminar o hacer un poco de Pilates ya no es suficiente; se requiere un entrenamiento intenso, estructurado y, lo más importante, una consistencia inquebrantable.
El ejercicio es fundamental en la salud de la mujer a lo largo de toda su vida, pero su importancia se magnifica después de los 40, cuando la disminución de estrógenos compromete la masa muscular. El entrenamiento de fuerza, en el que la entrenadora pone un gran énfasis, ayuda a prevenir la pérdida metabólica asociada a la reducción muscular y protege la densidad ósea. Sin embargo, simplemente levantar pesas sin un propósito no compensa la pérdida hormonal; se necesita un plan adaptado individualmente, y el apoyo de expertos es crucial.
Las expectativas de mejora física son poco realistas si no se cuida la alimentación y el descanso. Isabel del Barrio recalca la importancia de una buena nutrición para evitar el aumento de peso. Muchas mujeres afirman comer bien, pero al profundizar, se encuentran más excepciones que reglas. Si no es el caso y aun así se acumula grasa, puede ser por falta de ejercicio estructurado o de descanso adecuado. La entrenadora admite que, a veces, ella misma no entrena o come tan bien como debería, pero asume su responsabilidad en lugar de culpar a la edad. Esta autoculpabilización excesiva, sin embargo, puede ser un factor que desanima a algunas mujeres a seguir su consejo.
El mensaje de Isabel del Barrio de "no conformarse" es valioso para combatir el victimismo, pero no debemos castigarnos por una mala semana. Es importante actuar y remediar la situación. Si un día el cansancio es abrumador, es razonable saltarse el entrenamiento. La clave es no convertir la excepción en regla. El agotamiento es una realidad común, no solo por la menopausia, sino por las elecciones de vida y dónde invertimos nuestra energía. Aquí radica el poder de su mensaje: "Si aspiras a lograr tus metas, deja de decir 'estoy agotadísima', 'ya tengo cierta edad' o 'es la menopausia'. No te conformes. Si deseas algo, trabaja y sé constante para conseguirlo."