La psicoterapia puede entenderse de múltiples formas, dependiendo del enfoque adoptado. Algunos la simplifican a la eliminación del sufrimiento emocional, mientras que otros buscan una visión más profunda y abarcadora, que trascienda la perspectiva meramente reduccionista del trabajo terapéutico.
Maribel Diez se alinea con la segunda postura, argumentando que la terapia es incompleta si no aborda el aspecto espiritual que guía la vida de las personas. Para ella, es fundamental considerar esta dimensión para una intervención psicológica verdaderamente holística.
Desde la perspectiva de la psicóloga Maribel Diez, la "dimensión espiritual" implica vivir con la plena conciencia de nuestra mortalidad, reconociendo la naturaleza finita de nuestro cuerpo. Se trata de experimentar la vida aceptando la muerte no como un opuesto, sino como una parte intrínseca del ciclo vital, una fuerza de transformación constante.
La experiencia contemporánea revela un número creciente de individuos que se sienten desorientados y carentes de propósito en sus vidas. A pesar de alcanzar los estándares de éxito socialmente establecidos, como la estabilidad laboral, la propiedad de una vivienda y el reconocimiento profesional, muchos experimentan un profundo vacío interior y una desconexión de sus motivaciones fundamentales. Un enfoque psicológico que ignore la dimensión espiritual omite una parte esencial de la experiencia humana, limitando su capacidad para abordar de manera integral los malestares psicológicos actuales.
Históricamente, la psicología ha tendido a priorizar la eliminación de los síntomas, permitiendo que los individuos continuaran con sus vidas productivas. Sin embargo, a medida que la sociedad evoluciona, surge una creciente necesidad de cuestionar la dirección de nuestra productividad y el verdadero significado de una vida así. Las interrogantes más profundas emergen de forma natural como parte de este desarrollo, exigiendo que la psicología se adapte para ofrecer respuestas significativas.
Sí, la dimensión espiritual es una característica inherente a todo ser humano, incluso en aquellos que conscientemente niegan su espiritualidad. Es una parte fundamental de nuestra existencia, que se manifiesta de diversas maneras y que no puede ser ignorada en la búsqueda de un bienestar completo.
Si la terapia se restringe únicamente a mitigar el sufrimiento psicológico, se desatienden necesidades humanas esenciales. En primer lugar, la búsqueda del autoconocimiento queda relegada. Muchos viven programados por las expectativas sociales y familiares, sin explorar sus verdaderos deseos y el propósito de su existencia. En segundo lugar, la expresión de la creatividad se ve limitada. La creatividad no es exclusiva de ciertas áreas; es una cualidad inherente a la condición humana, una parte integral de nuestra conexión con la creación misma.
La búsqueda y el hallazgo de un propósito en la vida son fundamentales para el bienestar psicológico. Cuando se le otorga significado a la existencia, el sufrimiento, a diferencia del dolor, deja de ser una elección ineludible. El dolor es una parte inevitable de la vida, pero el sufrimiento es una respuesta que podemos elegir modificar, un concepto que aún muchos desconocen.
Es fundamental evitar que la búsqueda de la espiritualidad se convierta en una mera evasión emocional en lugar de una herramienta genuina para el crecimiento personal. Actualmente, existe una tendencia a comercializar la espiritualidad, ofreciendo productos y experiencias prefabricadas que prometen saciar una necesidad profunda. Sin embargo, la verdadera espiritualidad emerge cuando acompañamos a las personas a formular sus propias preguntas significativas y a encontrar sus respuestas originales, despojándose de las superficialidades y el marketing.
La incorporación de la dimensión espiritual en la psicoterapia, manteniendo el rigor clínico y evitando la imposición de creencias, es un proceso complejo y continuo. Un paso inicial crucial es el desarrollo personal del terapeuta, entendido como la capacidad de reflexionar sobre las experiencias propias, expandir la perspectiva y la conciencia. Un terapeuta comprometido con este trabajo podrá discernir el acompañamiento más adecuado para cada paciente en cada momento, respetando su individualidad y proceso interno.