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La Doble Perspectiva de Marina Berenguer: Psicooncóloga y Paciente en la Lucha contra el Cáncer

10/13 2026

En esta conversación, Marina Berenguer, una psicooncóloga con una notable trayectoria en el acompañamiento de mujeres con cáncer de mama, relata su experiencia personal al recibir un diagnóstico similar. Su relato ofrece una perspectiva única, combinando su profundo conocimiento del proceso oncológico con la vivencia directa de la enfermedad. Aborda los desafíos de mantener la consulta abierta mientras se somete a tratamiento, la gestión de las emociones complejas que surgen con el cáncer, y cómo comunicó la situación a sus hijos, enfatizando la importancia del instinto maternal frente a la teoría psicológica. La entrevista, enmarcada en la campaña “No tienes que ser fuerte”, busca proporcionar herramientas y comprensión sobre el impacto emocional del cáncer de mama, tanto para las pacientes como para sus familias y el personal de apoyo.

La historia de Marina Berenguer es un testimonio de resiliencia y adaptación, destacando cómo su rol profesional influyó en su afrontamiento personal. Revela que, si bien su experiencia como psicooncóloga le permitió anticipar ciertos aspectos del camino, no le otorgó un control total sobre la enfermedad, subrayando la imprevisibilidad inherente al cáncer y sus tratamientos. Su capacidad para navegar entre sus dos identidades (psicóloga y paciente) la llevó a reformular su práctica profesional, priorizando el ritmo emocional de sus pacientes y fomentando una comunicación abierta y honesta, especialmente con sus hijos. Este enfoque holístico resalta la necesidad de un apoyo integral que considere no solo el bienestar físico, sino también el emocional y familiar.

El Diagnóstico Personal de una Profesional de la Psicooncología

Cuando el cáncer de mama irrumpió en la vida de Marina Berenguer, su trayectoria como psicooncóloga le confirió una perspectiva dual. Si bien su experiencia profesional le otorgó un marco de comprensión y herramientas para abordar la enfermedad desde un punto de vista informado, también la enfrentó a la cruda realidad de que el conocimiento no es un escudo absoluto contra el impacto emocional y físico. Ella explica que la familiaridad con el proceso oncológico le permitió una planificación mental más estructurada, gracias a la información y vivencias acumuladas a través de su trabajo con pacientes. Sin embargo, rápidamente comprendió que cada caso de cáncer es único y que la ilusión de control es, precisamente, eso: una ilusión. Esta situación la llevó a desarrollar su propia metodología de afrontamiento, reconociendo que las herramientas psicológicas tradicionales a veces no eran suficientes frente a la intensidad de ciertas emociones, como el dolor, la frustración o la incertidumbre. Aprendió a permitirse sentir y sostener estas emociones, recurriendo a prácticas como la relajación o actividades solitarias para procesar sus estados internos.

La experiencia de Marina como paciente transformó profundamente su visión y práctica profesional. Antes de su diagnóstico, su enfoque era predominantemente resolutivo y práctico, buscando soluciones tangibles desde la primera consulta. Sin embargo, su vivencia personal le enseñó la crucial necesidad de adaptar el ritmo y la expectativa a la realidad emocional de cada paciente. Comprendió que, en momentos de vulnerabilidad extrema, la prioridad no es solo “resolver”, sino acompañar y respetar el proceso emocional individual. Esta introspección la llevó a moderar su ritmo en la consulta, poniendo el énfasis en la escucha activa y en sintonizar con los sentimientos de sus pacientes, más allá de lo que ella pudiera considerar ideal o necesario. Este cambio refleja una mayor empatía y una comprensión más profunda de la complejidad humana ante una enfermedad tan desafiante como el cáncer, donde el apoyo emocional se convierte en un pilar fundamental para la recuperación.

Maternidad, Miedo y Resiliencia Familiar en el Cáncer

Uno de los aspectos más conmovedores de la historia de Marina Berenguer es cómo enfrentó la enfermedad desde su rol de madre. La decisión de cómo y cuándo comunicar el diagnóstico a sus hijos de 10 y 11 años fue guiada por un profundo instinto maternal y un compromiso con la honestidad y la inteligencia emocional que siempre había cultivado en su familia. Ante la noticia, Marina y su esposo decidieron hablar con sus hijos de inmediato, explicándoles la complejidad del año venidero y la posibilidad de cambios físicos en ella. Esta conversación franca, aunque difícil, permitió a los niños expresar su miedo y sus preguntas, como “¿Te vas a morir?”, a lo que Marina respondió con esperanza y la propuesta de unirse como “Cazafantasmas” para luchar contra el cáncer. Esta metáfora no solo brindó un sentido de propósito a los niños, sino que también les enseñó valiosas lecciones de resiliencia y unión familiar, demostrando que la vida, incluso en sus momentos más duros, se puede enfrentar con valentía y humor.

La gestión del miedo y la culpa por no poder estar al “cien por cien” con sus hijos fue un desafío constante para Marina. Reconoce que el miedo es inherente a la vida, pero que es crucial transformarlo en una fuerza motivadora en lugar de permitir que se convierta en un factor paralizante. A pesar de su autoexigencia inicial, que la llevó a realizar grandes esfuerzos para mantener su presencia en la vida de sus hijos, Marina comprendió la importancia de fomentar la autonomía familiar y el vínculo entre sus hijos y su esposo, incluso en su ausencia. Esta aceptación de sus límites y la redistribución del apoyo familiar no solo le brindó paz, sino que también fortaleció los lazos dentro de su hogar. Actualmente, Marina sigue trabajando en aceptar los efectos secundarios del tratamiento y la disminución de su energía, abordando la culpa con una perspectiva de autocuidado y comprensión. Su experiencia subraya que, ante una enfermedad grave, el apoyo familiar y la capacidad de adaptarse a nuevas dinámicas son esenciales para el bienestar de todos los involucrados.