Una de las evaluaciones más conocidas para determinar la condición física implica sentarse en el suelo con las piernas cruzadas y volver a ponerse de pie sin el uso de las manos o el apoyo de las rodillas. La puntuación se basa en la menor cantidad de asistencia utilizada, lo que supuestamente indica una mejor conservación de la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad.
Marcos Flórez, reconocido entrenador y director de Estarenforma.com, pone en tela de juicio la validez de esta prueba para extraer conclusiones amplias. Él sostiene que la habilidad de incorporarse del suelo sin apoyo manual no revela mucho por sí misma. El verdadero problema surge cuando se combinan otros elementos que evidencian una deficiencia en la capacidad de movimiento o en la condición física general para desplazarse de forma autónoma.
Flórez tampoco considera esencial realizar esta acción con las piernas entrelazadas, ya que la longitud de los fémures, la flexibilidad de los tobillos o la rigidez del tronco pueden facilitar o dificultar la prueba para diferentes individuos. Lo primordial no es la manera específica de levantarse, sino mantener la habilidad de descender al suelo, modificar la postura y erguirse nuevamente.
Como ejemplo práctico, Flórez hace referencia a la costumbre japonesa de dormir en un futón. Al encontrarse a ras del suelo, esta práctica fuerza a levantarse desde una posición mucho más baja que una cama convencional. Según él, el simple acto de levantarse del suelo cada mañana o después de una siesta ofrece un beneficio extraordinario para la capacidad de movimiento. La cama occidental, aunque más cómoda, nos priva de un movimiento vital que deberíamos preservar, ya que “lo que no practicamos, lo perdemos”.
Quienes logran levantarse sin el uso de las manos demuestran una excelente combinación de fuerza, movilidad, equilibrio y coordinación. Sin embargo, una persona activa de 60 años, que entrena regularmente, podría no ser capaz de hacerlo con las piernas cruzadas. Flórez aclara que “conseguirlo no te posiciona en un diez, ni no poder hacerlo te sitúa en un cero”. Si se logra, excelente; si se necesita apoyo, también es válido.
La longitud del fémur impacta significativamente la dificultad de este movimiento: un muslo más corto generalmente facilita el levantamiento. Quienes poseen fémures más largos suelen necesitar inclinar el tronco o extender los brazos hacia adelante para desplazar el peso y evitar caer hacia atrás. Este balanceo, aunque pueda parecer una compensación, es una adaptación a las proporciones corporales y no necesariamente perjudicial.
La flexibilidad del tobillo también es clave. Si resulta difícil llevar la rodilla hacia adelante sin levantar el talón, será más complicado adoptar una postura que favorezca el impulso. Una situación similar ocurre con la rigidez del tronco, que impide una inclinación suficiente. Sin embargo, la movilidad de la cadera, en contraste, es uno de los factores que menos restringen este movimiento, según el experto.
Cruzar las piernas no siempre es la mejor opción, especialmente para personas con poca práctica o que no están acostumbradas a movimientos más allá de sentarse o ponerse de pie. En ciertos casos, esta postura puede ejercer una tensión excesiva sobre las rodillas. Flórez advierte que, dependiendo de las proporciones individuales, podría no ser la opción más adecuada. Una forma más cómoda y segura de levantarse podría ser girarse de lado y apoyarse en una rodilla o una mano.
Flórez enfatiza que “levantarse del suelo rotando hacia un lado es una alternativa completamente válida, y un pequeño apoyo tampoco es perjudicial”. Lo verdaderamente preocupante sería la incapacidad de incorporarse, incluso con ayuda. La acción de bajarse al suelo y levantarse forma parte de más actividades cotidianas de lo que se piensa, como jugar con niños, recoger objetos o realizar tareas que requieren arrodillarse. También es crucial después de una caída, donde lo importante no es hacerlo sin manos, sino saber girar, ponerse a cuatro patas y buscar un punto de apoyo para erguirse. “Ser capaz de levantarse es una necesidad vital”, subraya el entrenador.
Una forma efectiva de practicar es comenzar tumbado boca abajo, pasar a la posición de cuatro patas y luego adelantar una pierna, manteniendo la otra rodilla apoyada. Esta postura se conoce como la posición de caballero. Desde ahí, es posible impulsarse para levantarse, utilizando una silla o un soporte estable si es necesario. Este ejercicio también permite identificar las áreas de dificultad en el movimiento. Flórez señala que “generalmente, la falta de flexibilidad en ciertas posiciones, combinada con la ausencia de fuerza, es lo que limita la capacidad de incorporarse”.
Para mejorar, Flórez propone una secuencia de ejercicios que comienza en posición tumbada y culmina de pie. El primer ejercicio se realiza boca arriba, pudiéndose adaptar a la cama si el colchón no es excesivamente blando. Con los brazos extendidos en cruz y las rodillas flexionadas a 90 grados sobre las caderas, se deben llevar ambas piernas hacia un lado y luego hacia el otro, acercándolas al suelo. Se sugieren dos o tres series de 12 a 15 repeticiones para cada lado.
El segundo ejercicio se inicia boca abajo. Las palmas se colocan junto al pecho, ligeramente más abiertas que los hombros, y se empuja el suelo para pasar a la posición de cuatro patas. A continuación, se llevan las caderas hacia los talones y se acerca el pecho a los muslos, adoptando una postura recogida, como una “bola de bicho”. Posteriormente, se invierte el movimiento para regresar a la posición inicial. Se pueden realizar dos o tres series de diez repeticiones.
El siguiente paso consiste en arrodillarse sobre un cojín y adelantar un pie hasta alcanzar la posición de caballero. Inicialmente, basta con regresar la pierna a su lugar y repetir con la contraria. Una vez que este movimiento se realice con facilidad, se puede intentar levantarse completamente desde esa postura. “Con calma, utiliza un apoyo”, aconseja Flórez.
Si la dificultad persiste, el entrenador recomienda fortalecer previamente las piernas con la ayuda de una silla. El ejercicio implica sentarse completamente y volver a levantarse, realizando entre 12 y 15 repeticiones. Tanto la altura del asiento como el uso de las manos pueden ajustarse a la capacidad de cada individuo.
Flórez no establece una frecuencia semanal ni un plazo fijo para lograr levantarse sin apoyo, ya que factores como lesiones previas o el nivel de partida pueden modificar la progresión. “Cada caso es muy específico y debemos comprender a qué nos enfrentamos antes de prescribir un tipo de ejercicio u otro”, advierte. Cambiar la cama por un futón podría no ser práctico para todos, pero no es necesario llegar a ese extremo. Simplemente, tumbarse, girar y levantarse ocasionalmente permite mantener activos movimientos que la comodidad moderna ha dejado de exigir. Si se deja de interactuar con el suelo, es probable que un día sea más difícil regresar a él.