En el mundo del fitness, la línea entre la disciplina y la obsesión puede ser difusa. Carmen Iza, una reconocida entrenadora de B3B Woman Studio, arroja luz sobre esta cuestión, advirtiendo que ejercitarse seis o siete días a la semana no implica automáticamente una adicción, pero que la motivación detrás de cada entrenamiento sí es crucial. Si la ausencia de ejercicio genera culpa o la incapacidad de reducir la intensidad por cansancio se convierte en un problema, es momento de reconsiderar nuestra relación con la actividad física. Este artículo explora cómo identificar una conexión poco saludable con el deporte y las estrategias para fomentar un bienestar genuino, lejos de la presión y la autoexigencia.
La entrenadora destaca que un indicador clave de una relación disfuncional con el ejercicio surge cuando la persona se siente obligada a entrenar a pesar del agotamiento, la falta de sueño o tras un viaje, lo que se traduce en un malestar si no cumple con la rutina. Iza subraya que la cantidad de ejercicio no es el problema en sí mismo, sino la incapacidad de parar o ajustar la intensidad según las necesidades del cuerpo. Este comportamiento, a menudo imperceptible, puede enmascararse bajo la apariencia de disciplina o compromiso, cuando en realidad refleja una compulsión.
Un término que resuena con alarma en la experiencia de Carmen Iza es "compensar". Frases como "tengo que ir porque si no me siento mal" o justificaciones basadas en lo que se hizo el día anterior o se hará el fin de semana, revelan una dinámica donde el ejercicio se transforma en una penitencia. En este sentido, es fundamental hallar un equilibrio entre el placer, el descanso y el movimiento, evitando que se convierta en una fuente constante de presión o una métrica rígida. Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche identificó el perfeccionismo, las motivaciones vinculadas a la pérdida de peso o el aumento de masa muscular, y la práctica deportiva compulsiva, como factores que incrementan el riesgo de adicción al ejercicio. Es decir, el número de sesiones no es el factor determinante, sino la respuesta emocional ante la imposibilidad de entrenar.
Iza también señala cómo algunas de sus alumnas, a pesar de estar físicamente presentes en la clase, permanecen mentalmente conectadas a sus responsabilidades laborales, revisando el móvil o anticipando reuniones. Si bien es comprensible la dificultad de conciliar horarios, cuando esta práctica se vuelve habitual, la efectividad del entrenamiento disminuye. La ausencia de conexión con el propio cuerpo y sus sensaciones impide alcanzar el verdadero objetivo del ejercicio: el bienestar. La entrenadora enfatiza que transformar el deporte en otra casilla de una agenda saturada desvirtúa su propósito fundamental.
Otro comportamiento recurrente, y a menudo erróneo, es la obsesión por la cantidad de calorías quemadas, verificada inmediatamente después del entrenamiento con un reloj inteligente. Iza advierte que basar el valor de una sesión en esta cifra carece de sentido. De igual manera, observa la tendencia de algunos a realizar los ejercicios a una velocidad excesiva, creyendo que "más rápido" equivale a "mejor". Sin embargo, la calidad del movimiento, la técnica y la conciencia corporal son mucho más importantes que la velocidad o la cantidad de repeticiones. Dar el 100% en cada sesión no es siempre lo más beneficioso.
La idea de que es indispensable descansar varios días a la semana es un mito que Carmen Iza desmiente. Es posible ejercitarse todos los días de manera saludable, siempre y cuando se varíe el tipo e intensidad de las actividades. Una rutina equilibrada puede incluir sesiones de fuerza, cardio, movilidad, estiramientos o yoga, sin que todas sean de máxima exigencia. Por ejemplo, después de un entrenamiento intenso de fuerza, se puede optar por una caminata, una sesión de Pilates o natación al día siguiente, permitiendo así una recuperación adecuada. Escuchar al cuerpo y respetar el cansancio son pilares fundamentales para una práctica deportiva sostenible.
Para aquellos con un estilo de vida muy activo, la entrenadora aconseja alternar entrenamientos exigentes con jornadas de menor intensidad o descanso activo. La recuperación es tan vital como el ejercicio mismo, y de hecho, es un componente esencial para alcanzar el máximo rendimiento. Iza expone un escenario común: alguien entrena hasta tarde por la noche y, pocas horas después, ya está en el estudio para otra clase. Si bien las exigencias de la vida pueden llevar a estas situaciones ocasionalmente, si esta pauta se repite, especialmente acompañada de cansancio extremo y falta de tiempo para otras áreas de la vida, es crucial reevaluar las prioridades. Entrenar con calidad tres o cuatro días a la semana puede ser más beneficioso que siete días sin permitir una recuperación adecuada, lo que en última instancia contribuye a un bienestar más integral.
Más allá del gimnasio, existe una presión generalizada por sobresalir en todas las facetas de la vida: trabajo, relaciones, vida social y autocuidado. Iza enfatiza que no es necesario "dar el 100%" constantemente en todas las áreas. En el contexto del ejercicio, esto significa aceptar que habrá días para entrenamientos intensos y días en los que el cuerpo solo pida movilidad o estiramientos. Una sesión de bajo impacto no es tiempo perdido, y un día sin gimnasio no anula el progreso acumulado. La clave reside en la conciencia y la capacidad de adaptar el ejercicio a las necesidades del cuerpo en cada momento. Interpretar el deporte como un aliado para el bienestar, y no como una fuente de culpa o presión, es esencial para mantener una relación sana y duradera con la actividad física.