Existe una costumbre arraigada, aunque no siempre divulgada, que sigue a las ceremonias previas a la entrega de los Premios Princesa de Asturias. Se trata del banquete que la Familia Real comparte con los homenajeados, miembros del jurado, patronos, representantes de la Fundación y otros invitados, incluyendo a la prensa. Este encuentro se lleva a cabo en los renombrados salones del Hotel Reconquista de Oviedo, un lugar cargado de historia y elegancia.
Sus Majestades los Reyes, junto a la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, llegan de forma conjunta, después de unirse a la Reina Sofía, quien como es costumbre, hace su aparición en el hotel a media mañana. Una vez reunidos, cada miembro de la Familia Real toma asiento en mesas distintas dentro del Patio de los Gatos, el corazón de este evento, donde también se congregan los patronos y los laureados. Este patio es uno de los elementos originales que se mantienen del antiguo Real Hospicio de Oviedo, fundado en el siglo XVIII y reconocido como Bien de Interés Turístico Cultural. El sofisticado bufet se extiende como un camino culinario, con estaciones dedicadas a cada tipo de plato, situado en el Salón Covadonga, un espacio que, aunque originalmente fue una capilla, hoy conserva su majestuosa arquitectura bajo una cúpula impresionante. Los asistentes, que suman aproximadamente 700 personas, se distribuyen entre este salón y el Reconquista, el área interior más espaciosa del emblemático edificio.
La propuesta gastronómica de este año en el formato bufet incluía exquisito jamón ibérico, una selección de quesos asturianos y una estación de ensaladas con diversos aderezos. Como es tradición, no faltó la fabada, un plato emblemático del Principado y uno de los preferidos de la Reina, así como una milhojas de verduras con una cremosa salsa de tomate especiado. Como platos principales, se ofrecía una corvina al horno y un estofado de vacuno acompañado de un gratín de patatas confitadas. La variedad de postres comprendía arroz con leche, minicarbayones (el típico pastel ovetense de hojaldre con almendra y yema), minipastelería y vasitos de frutas de temporada con frutos rojos. Todo esto se complementaba con cuatro tipos de pan, incluyendo pan de escanda, y se maridaba con vino Fillaboa de As Rías Baixas, un Murua Reserva de La Rioja y cava Freixenet Reserva Real.
La confección del menú se lleva a cabo con gran meticulosidad a lo largo de varias semanas, siendo el resultado de una colaboración entre el equipo de la Fundación Princesa de Asturias y el personal de restauración del hotel. La visión principal es siempre presentar una oferta gastronómica que capture la esencia de la ceremonia y, al mismo tiempo, rinda tributo a las raíces y los gustos de Asturias, utilizando ingredientes de proximidad y de temporada, sin olvidar la presentación y el servicio. Naturalmente, también se consideran los paladares y las preferencias de la Familia Real, las cuales son bien conocidas por los organizadores.
Después de este tradicional encuentro que precede a la importante cita en el Teatro Campoamor, la Reina Letizia y sus hijas suelen ser las primeras en retirarse a las Suites Reales para descansar y, en el caso de la heredera, para repasar por última vez su esperado discurso. Estas suites son el orgullo del hotel, con 80 metros cuadrados de espacio, situadas en la zona más exclusiva y con balcones que dan a la fachada barroca. Las habitaciones disponen de un salón de estilo clásico, decorado con materiales nobles, obras de arte y antigüedades de gran valor, así como alfombras de la Real Fábrica de Tapices. Posteriormente, suele retirarse la Reina Sofía, quien nunca falta a este almuerzo previo, uno de sus eventos favoritos del año. Finalmente, el Rey acostumbra a prolongar su estancia un tiempo más para conversar con los patronos, los galardonados y los invitados, siendo el último miembro de la Familia Real en abandonar los salones.