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La Visión de Montaigne sobre la Ansiedad: El Absurdo de Torturarse por un Futuro Impredecible

08/11 2026

La reflexión de Montaigne sobre la ansiedad, donde describe como ridícula la autotortura humana por el futuro cuando apenas se puede prever el presente, resuena profundamente en nuestra sociedad actual. Muchas personas se sumergen en la anticipación de posibles infortunios o desafíos venideros, dedicando una energía considerable a escenarios hipotéticos que, en su mayoría, nunca se materializan. Esta tendencia mental no solo genera un desgaste emocional significativo, sino que también nos distrae de la riqueza y las oportunidades que ofrece el momento actual, dejándonos en un estado de constante preocupación y vulnerabilidad ante la incertidumbre inherente a la vida.

El filósofo francés Michel de Montaigne (1533-1592) fue una figura destacada del Renacimiento, reconocido por sus 'Ensayos', una obra seminal que exploraba la experiencia humana a través de la introspección. Sus escritos abordaban temas universales como el miedo, la amistad, la muerte y la dificultad de vivir en el presente. Montaigne, lejos de ofrecer respuestas definitivas, cultivó la duda como pilar de su pensamiento, encapsulada en su famosa pregunta: "¿Qué sé yo?". Su enfoque en la observación de las contradicciones y temores humanos sin exigir un control total resuena con los problemas contemporáneos de la preocupación anticipatoria y la ansiedad, demostrando la atemporalidad de su sabiduría.

La psicóloga Violeta Acedo profundiza en la vigencia de esta frase, explicando que la mente humana tiene una inclinación natural a adelantarse a los acontecimientos, creyendo erróneamente que esta anticipación nos prepara mejor para el futuro. Sin embargo, Acedo señala que, en realidad, un excesivo intento de controlar lo que vendrá a menudo intensifica la ansiedad. Aunque no hay una cifra exacta, existe evidencia de que nuestra mente tiende a sobreestimar los riesgos, un fenómeno conocido como sesgo de negatividad, donde el cerebro prioriza las posibles amenazas sobre los eventos positivos. Esta adaptación evolutiva, que en el pasado fue útil para la supervivencia, hoy nos lleva a invertir una gran cantidad de energía en imaginar problemas que quizás nunca ocurran, provocando un sufrimiento innecesario por situaciones que solo existen en nuestra imaginación.

Esta constante anticipación surge de la necesidad de control que el cerebro busca. Creemos que al analizar todas las posibles eventualidades, estaremos más capacitados para enfrentar cualquier desafío. Sin embargo, la psicóloga Violeta Acedo advierte que, desde una perspectiva evolutiva, era más beneficioso anticipar un peligro inexistente que ignorar uno real. Este mecanismo, todavía activo en la actualidad, nos mantiene en un estado de alerta constante, revisando continuamente lo que podría suceder e imaginando los peores escenarios en un intento de reducir la incertidumbre. Paradójicamente, este comportamiento genera el efecto contrario: cuanto más alimentamos estos pensamientos, más difícil se vuelve liberarse de ellos, ya que la mente los interpreta como amenazas genuinas que requieren atención continua.

Para mitigar esta tendencia a la preocupación excesiva, es fundamental distinguir entre una preocupación constructiva y aquella que solo agrava la ansiedad. Violeta Acedo sugiere una pregunta clave: "¿Es este un problema real que puedo resolver ahora, o es una posibilidad que estoy tratando de prever?". Reconocer esta diferencia es crucial, ya que a menudo dedicamos tiempo y energía a situaciones sobre las que no tenemos control. La experta aconseja concentrarse en aquello que sí podemos gestionar en el presente. Si existe un problema tangible, buscar soluciones activamente es el camino; si no, seguir dándole vueltas solo perpetuará el malestar. La tranquilidad genuina no proviene de intentar dominar el futuro, sino de aceptar la incertidumbre y vivir plenamente el momento actual, sin permitir que la anticipación nos robe el presente.