En sus escritos, particularmente a su hermano Theo, Vincent van Gogh expresó con gran sinceridad sus sentimientos de aislamiento, el temor a la enfermedad y cómo la pintura se convirtió en su pilar. En 1889, llegó a considerar la locura como “una enfermedad como cualquier otra”.
El 8 de mayo de 1889, Van Gogh ingresó voluntariamente en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole en Saint-Rémy-de-Provence, tras varias crisis severas en Arles. Al día siguiente, su carta a Theo transmitía una sorprendente serenidad; observar de cerca la vida de otros internos le estaba disipando “el vago temor, el miedo a la cosa”. Aunque a menudo lo imaginamos como el genio atormentado, sus palabras revelan a alguien que buscaba comprender sus experiencias, cuidarse y continuar su labor artística.
Se conservan más de 800 de sus cartas, compiladas por el Museo Van Gogh y el Huygens ING en una edición crítica disponible en línea. De esta colección se extraen 15 frases verificadas, con su fecha y destinatario, traducidas por nosotros de la versión inglesa. Cada cita viene acompañada de contexto y una reflexión sobre su relevancia actual en temas como la aflicción, el aislamiento o la búsqueda de apoyo, sin emitir diagnósticos sobre el artista.
Van Gogh describía la aflicción como una condición oculta a los demás y la soledad como una fuerza paralizante. Estas descripciones se encuentran tanto en su juventud, cuando carecía de rumbo, como en Saint-Rémy, después de sus crisis.
“Alguien posee un gran fuego en su espíritu y nadie se acerca jamás para calentarse en él, y quienes pasan solo distinguen un poco de humo en lo alto de la chimenea y prosiguen su camino”. Esta frase de una carta a Theo en junio de 1880 (carta 155), cuando tenía 27 años y había fallado como predicador, ilustra cómo el sufrimiento emocional puede ser invisible para los demás, intensificando el aislamiento. “En primavera, un ave enjaulada sabe bien que existe un propósito para el que sería útil; siente claramente que hay algo por hacer, pero no puede realizarlo”. En la misma carta de 1880, esta metáfora expresa la frustración de tener algo que ofrecer sin encontrar el medio, una experiencia común en períodos de estancamiento.
“Desde mi enfermedad, la sensación de soledad me invade en el campo de una manera tan abrumadora que dudo en salir. Con el tiempo, eso cambiará. Solo frente al caballete, mientras pinto, percibo un poco de vida”. Esta cita de una carta a su hermana Willemien en septiembre de 1889 (carta 804) revela que llevaba dos meses sin salir de su habitación, pero su esperanza y el arte le brindaban consuelo. “Quizá exajero la congoja que siento al verme afectado de nuevo por la enfermedad, pero experimento una suerte de pavor”. Dirigida a Theo en septiembre de 1889 (carta 798) tras otra crisis, esta frase subraya el miedo a la recaída, común en problemas de salud mental, y la importancia de verbalizarlo.
Antes de dedicarse a la pintura, Van Gogh tuvo trabajos infructuosos como marchante de arte, maestro, librero y predicador. Durante esos años, redactó reflexiones muy perspicaces sobre la autoimagen y la percepción ajena. Sus escritos de Etten, La Haya y Drenthe, cuando aprendía a dibujar y dependía económicamente de Theo, son un testimonio de su proceso.
“Poco a poco volví a apreciar a las personas, también a mí mismo, y cada día recuperaba un poco del ánimo y del espíritu que durante un tiempo habían sido aniquilados, marchitados y devastados”. En una carta a Theo de noviembre de 1881 (carta 183), Van Gogh relata cómo la lectura de libros prácticos sobre dolencias físicas y “morales” le ayudó. Su experiencia muestra que la recuperación es un proceso gradual, compuesto de pequeños avances constantes. “¿Qué soy yo a los ojos de la mayoría de la gente? Un don nadie, un excéntrico o una persona desagradable (…). Pues bien, aun asumiendo que todo sea así, querría demostrar con mi obra lo que alberga el corazón de ese excéntrico, de ese don nadie”. En julio de 1882 (carta 249), frente al rechazo, Van Gogh no niega la etiqueta, sino que decide darle un nuevo significado, impulsado “menos por el resentimiento que por el amor”.
“Si algo dentro de ti te dice ‘no eres pintor’, es entonces cuando debes pintar, amigo mío, y esa voz también se silenciará”. Esta frase, enviada a Theo en octubre de 1883 (carta 400), a quien se planteaba ser pintor, es el origen de la famosa cita sobre la autocrítica. Subraya la necesidad de superar los bloqueos internos mediante la acción.
Para Van Gogh, la pintura era una disciplina que se cultivaba con paciencia y una fuente de consuelo. Sus cartas revelan cómo veía el arte como un medio para expresar lo inefable y encontrar serenidad.
“Lo grandioso no surge solo por impulso, sino que es una sucesión de pequeños elementos que se van uniendo”. A Theo en octubre de 1882 (carta 274), esta idea resuena con la importancia de los hábitos: el progreso duradero se basa más en la constancia que en ráfagas de motivación. “¿Qué significa dibujar? ¿Cómo se logra? Es abrirse paso a través de una barrera de hierro invisible que parece erigirse entre lo que uno percibe y lo que uno puede crear”. En la misma carta, Van Gogh sugiere socavar este muro “despacio y con paciencia”, una metáfora aplicable a cualquier aprendizaje complejo, incluyendo el emocional.
“Pero la visión de las estrellas siempre me induce a soñar, de una forma tan sencilla como me hacen soñar los puntos negros del mapa que representan ciudades y pueblos”. En julio de 1888 (carta 638), casi un año antes de pintar “La noche estrellada”, Van Gogh ya encontraba en el cielo nocturno una fuente de asombro y tranquilidad. “En un cuadro me gustaría expresar algo reconfortante, como lo hace la música”. A Theo en septiembre de 1888 (carta 673), esta frase resume su intención artística, siendo la base real de la cita apócrifa “el arte es para consolar a los que están rotos por la vida”.
“Desearía crear retratos que, un siglo después, parecieran apariciones a la gente de entonces”. En junio de 1890 (carta 879) a su hermana Willemien, Van Gogh, apenas reconocido en vida, confiaba en que su obra resonaría en el futuro.
Van Gogh abordó su enfermedad con honestidad, temor y un profundo deseo de comprensión. Sus cartas de 1889 revelan una perspectiva sorprendentemente moderna: un problema de salud mental como una enfermedad, no como una falla moral, aunque usaba el vocabulario de su época, como “locura”, hoy considerado estigmatizante.
“Lo que me alivia un tanto es que empiezo a considerar la locura como una dolencia cualquiera y a aceptar la situación tal como es”. Escrita poco antes de ingresar en Saint-Rémy en abril de 1889 (carta 760), esta reflexión de Van Gogh sobre la salud mental como una enfermedad, no una culpa, es fundamental en la lucha contra el estigma. “El pavor a la demencia se me desvanece considerablemente al observar de cerca a quienes la padecen, como yo mismo podría sufrirla fácilmente en el futuro”. A Theo en mayo de 1889 (carta 776), esta afirmación refleja hallazgos de investigaciones como el metaanálisis de Patrick Corrigan (2012), que confirma que el contacto directo con personas con problemas de salud mental reduce el estigma más eficazmente que la mera información.
“Lucho con todas mis fuerzas por dominar mi obra, diciéndome que, si lo logro, será el mejor pararrayos contra la enfermedad”. En septiembre de 1889 (carta 800) a Theo, Van Gogh destaca cómo las actividades con propósito pueden sostener el ánimo, aunque no bastaban por sí solas, pues también dependía del seguimiento médico del asilo y del apoyo fraternal.
Resulta imposible diagnosticar con certeza a alguien que falleció hace más de un siglo. Sus médicos mencionaron crisis epilépticas, y desde entonces han surgido numerosas hipótesis. Uno de los estudios más rigurosos, publicado por el psiquiatra Willem A. Nolen y su equipo en 2020 en el *International Journal of Bipolar Disorders*, mediante entrevistas estructuradas a tres historiadores de arte expertos en sus cartas, concluyó que ningún trastorno explica por sí solo sus problemas. Probablemente sufrió varias afecciones simultáneamente, agravadas por el consumo de alcohol y la malnutrición. Los autores advierten sobre las limitaciones de un diagnóstico basado únicamente en correspondencia.
El concepto del “genio atormentado” es engañoso. Un estudio poblacional sueco de Simon Kyaga y su equipo (2013) observó asociaciones entre algunas profesiones creativas y ciertos trastornos, pero esta relación no implica que el sufrimiento genere talento. Las cartas de Van Gogh demuestran que sus crisis interrumpían su trabajo. Falleció en julio de 1890, a los 37 años. Su muerte no fue el precio de su arte, y es crucial recordar que la ayuda profesional es efectiva.
Muchas citas atribuidas a Van Gogh, como “Sueño con pintar y luego pinto mi sueño”, “El arte es para consolar a los que están rotos por la vida” o “Puse mi corazón y mi alma en mi trabajo y he perdido la cabeza en el proceso”, no aparecen tal cual en su correspondencia. Es esencial verificar la autenticidad de las citas buscando la carta, fecha y destinatario específicos antes de compartirlas.