Durante más de una década, la vida de Juan Luis Londoño Arias, conocido artísticamente como Maluma, estuvo marcada por un ritmo frenético de giras y viajes. Sin embargo, en marzo de 2024, con el nacimiento de su hija Paris, el cantante decidió hacer una pausa, un cambio que, según él mismo confesó, desencadenó ataques de pánico hacia finales de ese año. Esta inesperada revelación arrojó luz sobre un tema a menudo silenciado: la salud mental paterna. Maluma describió casi dos años de llanto incontrolable, temblores persistentes que confundía con rasgos de su personalidad, y noches interminables de insomnio, las cuales exacerbaban su ansiedad. Su testimonio, compartido en su pódcast y posteriormente, semanas después del nacimiento de su segundo hijo, destaca la lucha contra un "fantasma" de nerviosismo y miedo.
La franqueza de Maluma es particularmente significativa, no solo por venir de una figura pública cuya imagen se proyecta con seguridad y confianza, sino porque desafía la narrativa tradicional que ha enfocado la salud mental perinatal casi exclusivamente en las madres. Si bien las mujeres atraviesan cambios físicos y emocionales profundos durante el embarazo, el parto y la recuperación, la perspectiva masculina ha permanecido en segundo plano. La psicología perinatal, que estudia el bienestar mental en esta etapa, ha revelado que la ansiedad y la depresión en padres son fenómenos frecuentes, aunque con manifestaciones distintas a las esperadas, y que, en especial en comunidades latinas de Estados Unidos, los hombres tienen menor propensión a buscar ayuda.
Aunque el término "depresión posparto paterna" se ha popularizado, los manuales de diagnóstico no lo reconocen como una categoría específica. En cambio, la investigación se refiere a episodios de depresión o ansiedad que se inician o se agravan desde el embarazo de la pareja hasta el primer año de vida del bebé. Este periodo perinatal es un momento de reajuste vital para ambos progenitores, afectando el sueño, la relación de pareja, la estabilidad económica y la identidad personal. Un metaanálisis de 2010, que incluyó a más de 28.000 padres, sorprendentemente encontró que cerca del 10% de los hombres experimentaba depresión en este lapso, con picos de hasta el 25% entre los tres y seis meses posteriores al parto, aunque este último dato requiere más investigación. La ansiedad, que fue central en la experiencia de Maluma, también afecta a un porcentaje significativo de hombres, con prevalencias que oscilan entre el 4.1% y el 18% durante el embarazo y el primer año del bebé, respectivamente.
La aparición de estos trastornos en los padres no tiene una causa única. Factores como la privación del sueño son cruciales, ya que el insomnio y la interrupción del descanso se asocian directamente con el estado de ánimo y la ansiedad. El ciclo vicioso que describe Maluma –la preocupación que impide dormir y la falta de sueño que alimenta la preocupación– es una realidad para muchos padres. Además, el bienestar mental de los padres está interconectado con el de las madres; si uno de los miembros de la pareja experimenta dificultades, es más probable que el otro también lo haga. Las tensiones económicas, los conflictos de pareja y la falta de apoyo social también contribuyen, al igual que los antecedentes personales de depresión o ansiedad. Incluso se ha investigado el papel de los cambios hormonales, como la disminución de la testosterona en padres involucrados en el cuidado, aunque la relación causal con el estado de ánimo aún no está completamente establecida.
El reconocimiento de la depresión y la ansiedad en hombres es complejo debido a barreras culturales y a la manifestación atípica de los síntomas masculinos. A menudo, la depresión en hombres no se presenta como tristeza o llanto, sino como irritabilidad, arrebatos de ira, abuso de sustancias o conductas de riesgo. Esto hace que los cuestionarios tradicionales de depresión, enfocados en síntomas femeninos, pasen por alto a muchos hombres. Además, las normas tradicionales de masculinidad, que enfatizan la autosuficiencia, el control emocional y la idea de que buscar ayuda es un signo de debilidad, disuaden a los hombres de pedir apoyo profesional. Para los padres recientes, esta presión es aún mayor, ya que se espera que sean el pilar de la familia. Maluma, al hablar de su experiencia, intenta romper un tabú que pesa fuertemente sobre los hombres.
En el contexto de Estados Unidos, los hombres latinos enfrentan barreras adicionales. Las estadísticas muestran que una proporción significativamente menor de adultos hispanos recibe atención de salud mental en comparación con la población general, y muchos carecen de seguro médico. El acceso, el idioma, la escasez de profesionales culturalmente competentes y el estigma social de ser etiquetado como "loco" son obstáculos importantes. Sin embargo, reducir estas dificultades al machismo sería una simplificación; valores como el caballerismo, que promueven la protección y el cuidado familiar, pueden convertirse en un punto de entrada para que los padres latinos acepten la ayuda, al verla como una forma de proteger a sus seres queridos. La salud mental paterna tiene repercusiones significativas en el desarrollo infantil, ya que la depresión paterna en las primeras semanas de vida de un bebé se ha relacionado con problemas emocionales y de conducta en los hijos años más tarde.
La trayectoria de Maluma, que incluyó terapia, el apoyo de su esposa y cambios en su estilo de vida, subraya la importancia de reconocer las señales, verbalizarlas y buscar ayuda profesional. Es crucial entender que la decisión de no recurrir a la medicación fue personal y no debe ser una guía universal; cada caso requiere una evaluación individualizada con un profesional de la salud. Para los padres recientes y sus círculos cercanos, es fundamental tomar en serio las señales físicas de malestar, como temblores, tensión constante o insomnio prolongado. Prestar atención a la irritabilidad, proteger el descanso colaborativamente, comunicarse abiertamente con la pareja y buscar apoyo profesional si el malestar persiste más allá de dos semanas son pasos esenciales. Existen recursos disponibles para quienes necesitan ayuda, demostrando que hablar con un especialista no es un signo de debilidad, sino un acto de fortaleza y autocuidado.
La paternidad, para una parte de los hombres, puede coincidir con un período de malestar emocional que abarca meses y a menudo pasa desapercibido. Aunque no se comprenden completamente las razones por las cuales afecta a algunos y a otros no, ni el peso exacto del sueño, la dinámica de pareja, los factores biológicos o el contexto sociocultural, el testimonio de Maluma es invaluable. Su capacidad para admitir que durante años no supo interpretar las señales de su propio cuerpo es un llamado a la conciencia. Un "fantasma" pierde su poder cuando se le da un nombre, y la decisión de una figura pública de compartir sus noches de insomnio no resuelve el problema, pero lo saca de la oscuridad, abriendo el camino para que otros padres se atrevan a iluminar sus propias experiencias.