Mariló Montero, a sus 61 años, se ha convertido en un referente de bienestar al integrar de manera ejemplar el yoga con el entrenamiento de fuerza. Esta combinación estratégica no solo busca la tonificación muscular, sino también la mejora de la flexibilidad, la movilidad y la salud mental, aspectos fundamentales con el paso de los años. Su experiencia resalta cómo estas dos disciplinas, aparentemente distintas, se complementan para ofrecer un estilo de vida activo y saludable.
La reconocida presentadora ha compartido recientemente en sus plataformas digitales su entusiasmo por la práctica del yoga, una actividad que inicialmente adoptó como complemento a su ya establecida rutina de ejercicios de fuerza. Para su sorpresa, el yoga ha logrado cautivarla profundamente, al punto de confesar que se siente 'enganchada'. Este interés surge en un momento crucial de su vida, donde el enfoque se centra en mantener la vitalidad y la autonomía.
En uno de sus vídeos, Montero se mostró ejecutando con destreza el Sirsasana, una postura invertida sobre la cabeza, demostrando la dedicación que ha puesto en esta nueva fase de su entrenamiento. La inclusión del yoga en su régimen, según expertos como Rosa María Tavira, entrenadora y Club Manager de VivaGym, es una decisión acertada. Tavira enfatiza que el yoga no solo potencia la flexibilidad y la estabilidad articular, sino que también desempeña un papel crucial en la prevención de lesiones y la optimización del rendimiento físico.
La sinergia entre el yoga y el entrenamiento de fuerza es particularmente ventajosa para personas mayores de 50 años. A esta edad, mantener la movilidad y la masa muscular se vuelve indispensable para contrarrestar los efectos del envejecimiento. Las técnicas de respiración y relajación inherentes al yoga facilitan una recuperación más efectiva, tanto física como mental, después de las sesiones intensas de fuerza.
Para aquellos interesados en seguir el ejemplo de Mariló Montero, la experta Tavira sugiere explorar modalidades como Hatha Yoga o Vinyasa Yoga, las cuales son ideales para quienes buscan fusionar diversas actividades deportivas. Mientras que el Hatha Yoga ofrece una práctica más pausada y contemplativa, el Vinyasa Yoga se distingue por sus secuencias dinámicas que desafían y fortalecen el cuerpo de manera integral.
Además, el yoga no es solo una herramienta para la forma física; también es un bálsamo para el alma. Mariló Montero ha descubierto que compartir estas prácticas con amigas añade un valor inmenso a la experiencia, convirtiéndola en una actividad aún más placentera y motivadora. Este aspecto social del ejercicio contribuye significativamente al bienestar emocional, promoviendo la constancia y el disfrute en la rutina.
Existen diversas formas de yoga que se adaptan a diferentes objetivos. Para quienes buscan incrementar la fuerza y la tonificación, modalidades como Vinyasa, Power Yoga o Ashtanga son altamente recomendables, ya que implican un considerable esfuerzo muscular. Por otro lado, para aquellos que priorizan la reducción del estrés y la relajación profunda, el Yin Yoga o el Yoga Restaurativo ofrecen movimientos suaves y técnicas de respiración que calman el sistema nervioso.
La elección de la modalidad de yoga debe alinearse con las necesidades individuales y los objetivos de cada persona. Lo esencial es encontrar una práctica que resuene con el cuerpo y la mente, permitiendo un desarrollo continuo y un bienestar integral. La clave, como Montero misma recalca, es entrenar para estar fuerte y lleno de energía, haciendo del cuerpo un santuario que resista el paso del tiempo.