La migraña, lejos de ser una molestia pasajera, se manifiesta como una enfermedad neurológica severa y debilitante, afectando a más de cinco millones de individuos en España, con una marcada prevalencia en mujeres, que representan el 80% de los casos. Este padecimiento se caracteriza por un dolor intenso y prolongado, que puede extenderse desde varias horas hasta días enteros, interrumpiendo drásticamente la vida social, profesional y emocional de quienes la sufren. A pesar de su magnitud, es común que se subestime el impacto de la migraña, llevando a que una parte significativa de los afectados no busque atención médica, a menudo por resignación o por considerarlo una condición inevitable.
El camino hacia un diagnóstico preciso de la migraña es a menudo arduo, con un 75% de los pacientes en España experimentando una demora de más de dos años para ser diagnosticados. Esta dificultad conduce a que la mitad de los afectados abandonen el seguimiento médico inicial y casi el 54% sienta que no ha encontrado tratamientos eficaces para manejar su condición. Aunque la migrana tiene un componente genético relevante, diversos factores como el estrés, la falta de sueño, la alimentación y ciertos estímulos sensoriales pueden desencadenar las crisis. Los especialistas enfatizan la importancia de la prevención para anticiparse al dolor. En el caso de las mujeres, las fluctuaciones hormonales desempeñan un papel crucial, aunque la creencia de que la migraña desaparece con la menopausia no siempre se cumple, ya que los síntomas pueden persistir o incluso agudizarse.
La Dra. Carmen González Oria desmiente la concepción errónea de la migraña como un mero dolor de cabeza, explicándola como una condición que se origina en un cerebro con hiperexcitabilidad y disfunción sensorial. Esta condición se manifiesta con una sensibilidad exacerbada a la luz, ruidos y olores, acompañada de niebla mental, mareos, cambios de humor e irritabilidad. El dolor suele ser unilateral y pulsátil, similar a un latido, y con frecuencia se asocia con náuseas y vómitos.
La prevalencia de la migraña es notablemente mayor en mujeres, lo cual se atribuye al papel fundamental de los estrógenos. Las crisis suelen estar ligadas al ciclo menstrual, debido a la caída de estos. Un período particularmente desafiante es la perimenopausia, donde las fluctuaciones hormonales inestables pueden agudizar los síntomas. Aunque algunas mujeres experimentan una mejora o remisión después de la menopausia, cuando los niveles hormonales se estabilizan, esto no es una constante para todas.
Adoptar hábitos de vida saludables puede ser un aliado significativo en el manejo de la migraña, especialmente para un cerebro hiperexcitable. Evitar el ayuno, mantener una hidratación adecuada y asegurar un sueño reparador de siete a ocho horas diarias son medidas esenciales. Adicionalmente, la práctica regular de ejercicio físico, como yoga, Pilates o actividades como caminar y andar en bicicleta, contribuye a la prevención, siempre y cuando se realice de manera progresiva y fuera de los episodios agudos de dolor.
La migraña es una de las principales causas de discapacidad en adultos menores de 50 años, afectando desproporcionadamente a mujeres en la plenitud de su vida familiar y profesional. Muchas veces, las mujeres se ven obligadas a cumplir con sus responsabilidades laborales y maternales a pesar de sufrir crisis, lo que conlleva una reducción significativa en su rendimiento. La banalización de la enfermedad por parte de la sociedad, con comentarios como «¿otra vez con migraña?» o «¿te pones así por un dolor de cabeza?», genera un profundo sentimiento de culpa y aislamiento en quienes la padecen. Esta situación puede incluso obstaculizar el avance profesional y afectar gravemente la vida social, llevando a la cancelación de planes con amigos y la imposibilidad de asistir a eventos familiares importantes, como lo reveló una encuesta de la Asociación Española de Migraña y Cefalea (AEMICE).