A primera vista, los gimnasios de actividades para bebés parecen una excelente herramienta para el desarrollo, repletos de colores y juguetes que captan su atención mientras están acostados cómodamente. Están diseñados para estimular a los pequeños en una etapa donde gran parte de su tiempo transcurre en el suelo. Sin embargo, Laura Estremera, una reconocida psicomotricista, psicóloga y educadora, nos invita a reconsiderar la utilidad de estos productos. Según su análisis, estos gimnasios podrían, de hecho, restringir el potencial de desarrollo de los bebés, especialmente cuando empiezan a manifestar el deseo de moverse y explorar todo lo que les rodea.
Aunque los elementos colgantes de estos gimnasios están a la vista de los bebés, a menudo resultan inalcanzables para que los manipulen o los lleven a la boca por sí mismos. Estos juguetes están fijos en arcos o barras elevadas, impidiendo la interacción libre. La diferencia fundamental radica en que, al colocar un objeto simple directamente en el suelo, el bebé tiene la libertad de decidir cuándo acercarse, tocarlo y explorarlo a su propio ritmo.
Muchos gimnasios incorporan luces, sonidos y vibraciones que prometen ser educativos. Sin embargo, Estremera advierte que los bebés pueden percibir estos estímulos sin poder identificar claramente su origen. En el caso de mantas con juguetes integrados, el movimiento del bebé puede activar sonidos o luces sin que este asocie su acción con la reacción, generando confusión e incluso incomodidad, lo que a veces culmina en llanto sin una causa aparente para los adultos.
Otro punto crucial señalado por la experta es la limitación espacial que los arcos de los gimnasios imponen al movimiento del bebé. Para acciones fundamentales como el volteo, los bebés necesitan un amplio espacio y la posibilidad de interactuar con objetos cercanos en el suelo. La presencia de estos arcos puede obstaculizar la libertad que los bebés requieren para realizar estos movimientos esenciales de forma natural y sin restricciones.
Estremera también destaca que la constante fijación en los objetos colgantes de los gimnasios puede llevar a que la cabeza del bebé permanezca en una misma posición por períodos prolongados. En lugar de saturar al bebé con estímulos externos, la experta sugiere brindarles la oportunidad de explorar su propio cuerpo, observar sus manos y pies, y descubrir las capacidades que poseen de manera intrínseca.
La alternativa propuesta por Laura Estremera consiste en proporcionar al bebé un espacio seguro en el suelo, donde pueda recostarse cómodamente sin forzar su postura y con la libertad de moverse. Esta idea resuena con las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (AAP), que subraya la importancia de liberar a los bebés de dispositivos restrictivos y permitirles pasar tiempo en el suelo, promoviendo así el desarrollo de la motricidad gruesa a través del conocido 'tummy time'.
Según Estremera, la superficie ideal para el bebé debe ser firme y estable. Sobre ella, se pueden colocar objetos cotidianos simples y accesibles, permitiéndole descubrirlos y manipularlos por iniciativa propia. La clave reside en que el entorno facilite el movimiento libre, posibilitando que el bebé explore sus extremidades, observe su cuerpo y, a su debido tiempo, incorpore nuevos movimientos sin la barrera física de una estructura de arcos. Este enfoque transforma la concepción de la estimulación, priorizando la capacidad del bebé para explorar y aprender por sí mismo en un ambiente que potencia su autonomía.