Salud Familiar>

Reflexiones sobre la vestimenta de baño infantil: ¿Por qué las niñas cubren su torso antes que los niños?

07/28 2026

En la época estival, tanto en playas como en piscinas, es común observar una escena repetida: niños pequeños jugando sin la parte superior de su bañador, mientras niñas de la misma edad lucen bikinis de dos piezas. Esta práctica tan extendida rara vez nos lleva a cuestionar las razones subyacentes a esta disparidad en la vestimenta, especialmente cuando los cuerpos infantiles, antes de la pubertad, carecen de las diferencias que se acentuarán en etapas posteriores.

La interrogante de la vestimenta infantil en el verano

La psicóloga Raquel Durán (conocida en Instagram como raquelcreaentido) ha puesto de manifiesto esta curiosa norma social a través de una publicación en redes sociales. Su objetivo no es imponer nuevas reglas sobre la vestimenta infantil, sino invitar a la reflexión. “No es una crítica, es una pregunta”, aclara Durán, buscando profundizar en el porqué de nuestras decisiones cotidianas.

La elección de que una niña use o no la parte superior de un bikini puede parecer trivial. Quizás la compramos porque venía con la braguita, o porque la niña lo eligió, o simplemente porque nunca nos hemos planteado la posibilidad de que se bañe sin ella. Sin embargo, para Durán, la cuestión crucial radica en por qué consideramos que una niña necesita cubrirse, mientras que esta misma idea no se aplica a un niño de su misma edad.

¿Por qué se insiste en cubrir el pecho de las niñas pequeñas?

“¿Lo hacemos para protegerlas? ¿Porque siempre se ha hecho así? ¿Porque nos resulta incómodo verlas sin la parte de arriba?”, cuestiona la psicóloga. Estas preguntas, aparentemente sencillas, pueden desvelar mucho sobre cómo hemos sido condicionados a percibir y tratar el cuerpo de niños y niñas.

Una de las justificaciones más escuchadas, según Durán, es que la niña “ya tiene una edad”. Esta expresión, en apariencia inofensiva, nos lleva a otra reflexión: ¿cuál es esa edad y qué cambios específicos ha experimentado su cuerpo para que, de repente, se considere necesario que se cubra?

Durán subraya que en algún punto, comenzamos a aplicar al cuerpo de las niñas “normas que no extendemos a los niños de su misma edad”. A menudo, esto no se hace de manera consciente, sino que se trata de costumbres heredadas y perpetuadas a lo largo de generaciones, sin una profunda reflexión sobre su origen.

Otra explicación frecuente es que el bikini “la hace ver más guapa”. Durán conecta esta respuesta con la temprana importancia que se le atribuye a la apariencia de las niñas y con ciertos elementos tradicionalmente asociados a la estética femenina adulta, como accesorios y prendas específicas.

Esto no significa que haya algo negativo en que una niña elija un bikini que le guste o disfrute usando accesorios. La verdadera cuestión surge cuando examinamos las expectativas que los adultos depositamos en su apariencia y si estas coinciden con las que tenemos para los niños.

La autoestima de una niña no se define por un top de bikini

“Un top de bikini no va a determinar la autoestima de una niña”, afirma la psicóloga. La relación de una niña con su propio cuerpo es un proceso complejo que se forja a lo largo de los años, influenciada por lo que escucha en casa, cómo los adultos hablan de sus propios cuerpos, los comentarios que se hacen sobre su aspecto, el respeto hacia su intimidad y las diferencias que percibe en el trato entre géneros.

Durán sintetiza esto al explicar que la autoimagen se construye a partir de “cientos de pequeños gestos”. La vestimenta para la piscina es uno de ellos, pero existen muchas otras situaciones aparentemente insignificantes que se repiten durante la infancia.

Por lo tanto, más allá de establecer una regla sobre si las niñas deben llevar o no la parte superior del bikini, la propuesta es observar el mensaje implícito en nuestras decisiones. No es lo mismo que una niña elija usar esa prenda porque le gusta o se siente cómoda, que transmitirle la idea de que necesita cubrir una parte de su cuerpo simplemente por ser niña.

“Hay mucha gente con malas intenciones”

Durán también aborda otra respuesta común, que muchos padres probablemente han considerado: algunas familias optan por cubrir a sus hijas por temor a las miradas o a comportamientos inapropiados de terceros.

Ante esto, la psicóloga plantea una pregunta incómoda pero crucial: si modificamos la forma de vestir de las niñas con el único fin de protegerlas de las conductas inadecuadas de los adultos, “¿sobre quién recae la verdadera responsabilidad?”.

Proteger la intimidad de nuestros hijos y enseñarles desde temprana edad que su cuerpo les pertenece es fundamental. También lo es educarles sobre los límites, explicarles qué comportamientos no deben tolerar y ofrecerles entornos seguros. Sin embargo, la responsabilidad de una mirada o conducta inapropiada siempre recae en quien la ejecuta, no en la vestimenta de un menor.

¿Debemos entonces dejar de ponerles bikini?

No necesariamente. La reflexión de esta psicóloga no busca reemplazar una costumbre por otra, ni dictar que todas las niñas deban bañarse sin la parte de arriba. Una niña puede querer usar bikini porque le agrada, porque ha escogido ese diseño, porque desea uno similar al de su madre, o simplemente porque se siente más cómoda cubierta. Todas estas razones son perfectamente válidas.

Lo importante es analizar si la decisión nace de la niña misma o si es el resultado de una norma que los adultos damos por sentada. A medida que los niños crecen, es crucial escuchar sus preferencias, respetar su pudor cuando este emerge, y hablar sobre la intimidad sin inculcar la idea de que su cuerpo es algo vergonzoso o problemático.

Quizás por ello, la pregunta sobre el bikini es más profunda de lo que parece. No se trata tanto de decidir qué bañador comprar este verano, sino de observar una práctica que hemos realizado automáticamente durante años. Si nuestros hijos e hijas tienen la misma edad, ¿por qué les exigimos a ellas que se cubran antes?

No todas las familias llegarán a la misma conclusión, pero, como sugiere Raquel Durán, la pregunta en sí misma ya vale la pena.