Superar un trauma complejo implica un proceso delicado y estructurado, donde la capacidad de anclarse en el presente se convierte en el pilar fundamental para la sanación. El programa "Finding Solid Ground" (FSG) emerge como una propuesta innovadora y respaldada por la investigación para aquellos que han experimentado eventos traumáticos repetidos, especialmente en la infancia. Su objetivo principal es fortalecer la estabilidad emocional del individuo, brindándole las herramientas necesarias para enfrentar los recuerdos dolorosos sin desbordarse, y así, avanzar hacia una recuperación integral.
A menudo, las personas que han vivido un trauma describen una desconexión entre su experiencia y su capacidad de mantenerse en el aquí y ahora al recordar. Esta disociación, una estrategia de supervivencia en su origen, se manifiesta en la vida adulta como lapsos de memoria, sensaciones de irrealidad o la vivencia de que el pasado se proyecta en el presente. Ante esta realidad, las directrices terapéuticas internacionales abogan por un enfoque por fases: primero, consolidar la estabilidad; y luego, procesar las memorias traumáticas. Esta secuencia es crucial, ya que un abordaje prematuro del trauma puede ser contraproducente y generar una mayor desregulación.
El programa "Finding Solid Ground", desarrollado por Bethany L. Brand, Hugo J. Schielke y Ruth A. Lanius, se estructura en ocho módulos, cada uno con un intervalo obligatorio de siete días para permitir la integración gradual de los aprendizajes. No se trata de una terapia autónoma ni de un manual de autoayuda, sino de una herramienta complementaria que debe aplicarse bajo la guía de un profesional especializado en trauma. Este programa se fundamenta en cuatro habilidades interconectadas que actúan como cimientos para la recuperación:
La eficacia de FSG se basa en más de quince años de investigación del grupo TOP DD (Treatment of Patients with Dissociative Disorders). Un estudio con 280 pacientes y 292 terapeutas reveló una disminución de las autolesiones, hospitalizaciones y síntomas en etapas avanzadas del tratamiento. Un estudio posterior, que adaptó las habilidades de estabilización a un formato educativo, demostró mejoras sostenidas a uno y dos años, lo que sentó las bases para el desarrollo del programa. En 2025, un ensayo controlado aleatorizado con 291 participantes de 27 países confirmó que quienes utilizaron FSG, junto con su psicoterapia habitual, mostraron mejoras significativas en la regulación emocional, los síntomas de estrés postraumático, la autocompasión y las capacidades adaptativas. Si bien la investigación es prometedora, se requiere un mayor estudio, especialmente en contextos latinoamericanos, para consolidar estos hallazgos.
Es fundamental desmitificar algunos aspectos del abordaje del trauma. Estabilizar no significa posponer la confrontación del trauma indefinidamente, sino crear las condiciones adecuadas para trabajarlo sin riesgo de retraumatización. Tampoco es una técnica de relajación; el objetivo de "aterrizar" no es calmar a la persona, sino permitirle permanecer consciente en el presente mientras experimenta sus emociones. Además, no es un curso para realizar de forma aislada; la guía de un profesional es indispensable para su correcta aplicación. Si experimentas una desconexión frecuente con la realidad, lagunas de memoria, cambios emocionales extremos o recurres a conductas autodestructivas para gestionar tus sentimientos, buscar el apoyo de un especialista en trauma y disociación puede ser un paso vital. La sanación del trauma complejo, que a menudo se origina y se aprende en el ámbito relacional, también encuentra su reparación a través de vínculos seguros y estructurados, pero siempre, primero, asegurando un sólido "terreno firme" en el presente.