Después del triste suceso que envolvió a Maricarmen Abascal, la acampada en la Puerta del Sol ha retomado su curso, consolidándose como una verdadera comunidad urbana. Este asentamiento, que simula una pequeña ciudad con sus propias calles y plazas, ha logrado establecer una serie de servicios autogestionados, entre los que sobresalen los puestos de atención médica. Aquí, un equipo de sanitarios voluntarios ofrece apoyo crucial a los acampados y a cualquier persona en situación de vulnerabilidad, realizando desde procedimientos básicos como la limpieza de heridas hasta ofreciendo acompañamiento psicológico, fundamental en un ambiente de constante desafío.
En el corazón de esta iniciativa se encuentra Walbian, un fisioterapeuta con experiencia en primeros auxilios y socorrismo, quien desempeña un papel clave en la coordinación de los servicios de salud de la acampada. A pesar de sus compromisos laborales en una clínica privada, Walbian dedica su tiempo libre a esta causa, asegurando que los puestos de atención estén siempre operativos. Él personifica el espíritu de entrega que impulsa a este colectivo de profesionales.
La estructura de apoyo sanitario en Sol es impresionante. Un grupo de aproximadamente veinte profesionales de la salud, todos debidamente colegiados, se organizan para cubrir los distintos puntos de atención. A ellos se suman más de veinticinco trabajadores sociosanitarios, creando un equipo multidisciplinar que incluye médicos, psiquiatras, farmacéuticos y técnicos de emergencias. Esta diversidad de especialidades garantiza una atención integral, no solo para los acampados, sino también para personas en situación de calle, extendiendo la mano amiga a quienes más lo necesitan.
Es fundamental entender que la atención brindada por estos voluntarios se enfoca en los primeros auxilios y el manejo de afecciones básicas, como pequeños cortes o resfriados. Los puestos cuentan con un stock limitado de medicación esencial, cuidadosamente conservada y supervisada. Para situaciones más complejas o urgencias médicas, el equipo tiene protocolos claros para contactar y coordinar con el Samur-Protección Civil, garantizando que los pacientes reciban la atención especializada necesaria. Como bien señala Walbian, su función es "apagar fuegos", no sustituir a un hospital.
Más allá de la salud física, los servicios de apoyo psicosocial son altamente demandados. Con más de veinticinco voluntarios en este ámbito, se ofrecen "primeros auxilios psicológicos" para ayudar a las personas a gestionar el estrés, la ansiedad y otros desafíos emocionales que pueden surgir en un entorno de protesta y convivencia. Se ha habilitado incluso una zona de mayor privacidad para aquellos que requieran un espacio más tranquilo y confidencial, reconociendo la importancia de la salud mental en el bienestar general de la comunidad.
Adriana y Julia, dos graduadas en Psicología y estudiantes de máster, son un ejemplo de las nuevas incorporaciones a este equipo solidario. En su primer día como voluntarias en la "Plaza de Gaza", demuestran su compromiso con la causa del derecho a la vivienda. A pesar de no vivir en la acampada, dedican sus ratos libres a ofrecer su experiencia en el ámbito psicológico. Su turno, de aproximadamente tres horas, se organiza mediante un sistema flexible de autogestión, permitiendo a los voluntarios compaginar su labor con sus estudios y trabajos.
Aunque Adriana y Julia aún no habían tenido intervenciones significativas al momento de la entrevista, su disposición y la calidez del ambiente son evidentes. Ambas, al igual que Walbian, destacan la fuerte cohesión y el espíritu de ayuda mutua que prevalece en la acampada. Este sentimiento de unidad se manifiesta en la disposición de todos a colaborar y a apoyarse en cualquier situación, creando una atmósfera de solidaridad que fortalece a la comunidad en su conjunto.