Los primeros resultados de una investigación llevada a cabo en el Hospital Universitario de Badajoz, y presentados en el 64º Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), indican que la administración de suplementos de vitamina D podría jugar un papel crucial en la mejora de la función motora y neurológica de individuos afectados por un accidente cerebrovascular, complementando eficazmente los programas de rehabilitación existentes.
Este estudio se fundamenta en la evidencia de una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 en Narra Journal. Dicha publicación examinó seis estudios internacionales, abarcando entre 42 y 123 pacientes, con un seguimiento de tres meses. Los análisis previos ya habían demostrado una correlación positiva entre la suplementación con colecalciferol y mejoras significativas en la recuperación neurológica, motora y funcional, medidas a través de escalas como la NIHSS, BRS y mRS. Sin embargo, no se identificaron cambios notables en la capacidad de marcha según la escala FAC.
El Dr. Juan Miguel Arribas Díaz, médico rehabilitador en Badajoz y líder de este proyecto, ha trasladado estos hallazgos a un entorno clínico real, observando que la suplementación con vitamina D se asocia con una evolución favorable en diversos aspectos de la recuperación. Aunque los resultados iniciales son prometedores y concuerdan con el metaanálisis de 2025, el especialista enfatiza la necesidad de ampliar el tamaño de la muestra y extender el período de seguimiento para validar completamente el alcance de estos beneficios. Es fundamental destacar que la vitamina D se concibe como una herramienta adicional, no sustitutiva, dentro de un enfoque integral de neurorrehabilitación que prioriza la rehabilitación intensiva, el ejercicio terapéutico y la intervención multidisciplinar, factores clave para abordar las secuelas de un ictus.
Este enfoque resalta que la vitamina D, conocida tradicionalmente por su impacto en la salud ósea, también influye en procesos neurológicos vitales como la reducción de la inflamación, el combate del estrés oxidativo, la optimización de la función muscular y la estimulación de la neuroplasticidad. Por consiguiente, ajustar los niveles de esta vitamina en pacientes seleccionados, siempre bajo estricta supervisión médica, podría establecerse como un componente extra en su plan de recuperación individualizado, abriendo nuevas vías para mejorar la calidad de vida de quienes padecen los efectos de un ictus.