Al finalizar el período vacacional, es común que nos sumerjamos en una espiral de nuevos propósitos y metas. Desde retomar el ejercicio hasta mejorar hábitos alimenticios, parece que la clave para una vida mejor reside en añadir elementos. Sin embargo, ¿qué pasaría si la verdadera transformación se encontrara en lo opuesto, en la reducción?
La célebre máxima de Antoine de Saint-Exupéry, "La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no queda nada por quitar", nos propone una perspectiva radicalmente distinta. Esta idea nos impulsa a reconsiderar nuestras prioridades diarias y a preguntarnos si lo que realmente necesitamos es más, o si es el momento de simplificar y concentrarnos en lo verdaderamente importante.
Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) no solo fue el aclamado autor de El principito, sino también un aviador que forjó su experiencia en las primeras rutas de correo aéreo. Sus vivencias en África y Sudamérica nutrieron gran parte de su obra, incluyendo títulos como Correo del Sur y Tierra de hombres. Fue en esta última obra, publicada en 1939, donde plasmó su profunda reflexión sobre la perfección y la simplicidad, una idea que se gestó a partir de su entendimiento de la aviación, donde la eliminación de lo innecesario es crucial para el funcionamiento óptimo.
Nuestra sociedad nos ha inculcado la creencia de que el progreso y la mejora se logran mediante la adición. Ya sea incorporando nuevas rutinas de ejercicio, adoptando métodos organizativos o intentando encajar más actividades en nuestra agenda, la mentalidad predominante es la de acumular. Septiembre, en particular, se convierte en un claro ejemplo de esta dinámica, con el retorno a la rutina y la acumulación de nuevos propósitos.
Contrario a la creencia popular, simplificar no implica desentenderse de nuestras responsabilidades o renunciar a nuestras pasiones. Como señala la organizadora profesional María Leániz, organizarse no es sinónimo de abarrotar nuestra vida, sino de "hacer menos, simplificar y decidir qué merece realmente nuestro tiempo y nuestra energía". Esta filosofía implica tomar decisiones conscientes, como declinar compromisos innecesarios, soltar actividades que ya no nos aportan valor o aceptar que la perfección no reside en el control absoluto de cada detalle.
Una de las recomendaciones más valiosas para una vida más tranquila es aprender a dejar espacios libres. Al regresar a la rutina, nuestra inclinación natural es llenar cada minuto de la agenda. Sin embargo, "una agenda organizada no es una agenda completa", afirma Leániz. Estos huecos son vitales para absorber imprevistos, permitirnos descansar y recuperar energía. Un fin de semana sin planes no debe ser visto como un tiempo desaprovechado, sino como una oportunidad para la calma y la reflexión, redefiniendo nuestra percepción de los "espacios vacíos".
Para aplicar esta filosofía a la vida cotidiana, podemos empezar por eliminar pequeñas complejidades. La experta sugiere repetir cenas sencillas que ya conocemos, realizar compras recurrentes o establecer combinaciones de ropa predefinidas. La idea es "no todo necesita creatividad ni una decisión nueva cada día", liberando nuestra mente de decisiones triviales para enfocarnos en lo que realmente importa. Identificar un punto de estrés diario, como las mañanas caóticas o la pérdida constante de objetos, y buscar soluciones simples, como preparar cosas la noche anterior o asignar un lugar fijo a las llaves, son pequeños cambios con un gran impacto.
Al inicio de un nuevo ciclo, como el regreso de las vacaciones, es fundamental priorizar nuestro bienestar y evitar la sobrecarga. No es necesario abarrotar la agenda con nuevos planes o exigencias. El consejo es simple: "Primero vuelve". Una vez que la vida cotidiana recupere su ritmo, podremos reflexionar con calma sobre qué queremos cambiar, qué deseamos recuperar y, lo más importante, qué ya no necesitamos. Nuestras circunstancias y prioridades evolucionan, y con ellas, lo que nos aporta bienestar. Quizá, septiembre no requiera una nueva lista de propósitos, sino una revisión de la existente, eliminando lo superfluo para crear espacio para lo que verdaderamente nos enriquece.