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La paradoja de la fotografía: ¿Más imágenes, menos recuerdos?

09/07 2026

En la era digital actual, donde cada momento parece digno de ser capturado, surge una inquietante pregunta: ¿Estamos realmente preservando nuestros recuerdos o, por el contrario, los estamos diluyendo? La psicóloga Elena Daprá explora el fenómeno conocido como el “efecto de deterioro de la memoria por hacer fotografías”, sugiriendo que la omnipresente necesidad de registrarlo todo con nuestros teléfonos móviles podría estar debilitando nuestra capacidad de retener experiencias de forma vívida y profunda. Este comportamiento, lejos de ser una simple costumbre, puede revelar necesidades psicológicas más complejas, como la búsqueda de validación externa o un perfeccionismo inherente.

La clave reside en la atención. Cuando desviamos nuestro enfoque de la vivencia directa para encuadrar una escena o revisar una imagen, el cerebro procesa con menor intensidad los matices sensoriales y emocionales del momento. Así, lo que se presenta como una herramienta para conservar se convierte en un obstáculo para la auténtica memorización. La intención detrás de cada captura, ya sea para un recuerdo personal o para una publicación pública, juega un papel crucial en cómo se forma y se percibe esa memoria, sugiriendo una reflexión consciente sobre nuestro uso de la fotografía para enriquecer nuestras vidas en lugar de simplemente documentarlas superficialmente.

El Impacto de la Captura en la Formación de Recuerdos

La psicóloga Elena Daprá destaca cómo la tendencia a fotografiarlo todo puede afectar negativamente la formación de nuestros recuerdos. Cuando recurrimos al teléfono para capturar un momento, nuestra atención se desvía de la experiencia directa hacia la tarea de tomar la foto. Este cambio, de vivir el momento a ejecutar una acción, impide que el cerebro procese con la misma profundidad los detalles sensoriales, las emociones y las interacciones que componen la vivencia. En lugar de construir un recuerdo rico y multisensorial, lo que obtenemos es una representación visual que, paradójicamente, puede hacernos recordar menos de lo que realmente sucedió, ya que delegamos la función de recordar al dispositivo.

Este fenómeno, conocido como el “efecto de deterioro de la memoria por hacer fotografías”, se explica porque el acto de fotografiar activa procesos atencionales y ejecutivos que compiten directamente con la percepción consciente del entorno. Mientras encuadramos la imagen, ajustamos la luz o revisamos el resultado, perdemos la oportunidad de sumergirnos por completo en la situación. Esto se traduce en una menor codificación de aspectos cruciales como sonidos, conversaciones o pequeños gestos, que son esenciales para construir una memoria sólida y emocionalmente resonante. La fotografía, que debería ser un complemento, se convierte así en un sustituto de la experiencia, empobreciendo la riqueza de nuestros recuerdos.

La Intención detrás del Obturador y la Memoria Auténtica

La intención que impulsa a tomar una fotografía es un factor determinante en cómo esa imagen se relaciona con nuestra memoria y bienestar psicológico. Según Elena Daprá, la necesidad de fotografiarlo todo puede ir más allá del simple deseo de conservar un recuerdo, adentrándose en la búsqueda de validación externa, el reforzamiento de la identidad o el sentido de pertenencia. Cuando la foto se toma pensando en la reacción de otros, como los “me gusta” en redes sociales, la vivencia se desplaza de lo personal a lo performático, alterando la autenticidad del recuerdo y fomentando una dependencia excesiva del registro externo en detrimento de la propia memoria interna.

Para contrarrestar este efecto y fomentar una memoria más auténtica, Daprá sugiere una práctica sencilla pero profunda: hacer una pausa consciente antes de tomar una foto. Durante esos segundos, se nos invita a mirar, escuchar y sentir plenamente lo que nos rodea. Al permitir que el cerebro codifique primero la experiencia de manera natural, integrando emociones y detalles sensoriales, la posterior captura fotográfica se convierte en un complemento y no en un reemplazo de la vivencia. Esta aproximación consciente transforma la fotografía en una herramienta para enriquecer la memoria, en lugar de diluirla, permitiéndonos disfrutar y recordar con mayor plenitud cada momento.