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Carme Elías y la aceptación de la ayuda frente al Alzheimer: Un viaje de redescubrimiento personal

09/21 2026

En la vida, a menudo nos preparamos para cuidar a los demás, ya sean hijos, padres o parejas. Sin embargo, ¿qué sucede cuando es uno mismo quien necesita ser asistido, apoyado o incluso cuando otros deben tomar decisiones en nuestro nombre? Aprender a aceptar el cuidado es un proceso que puede ser particularmente desafiante para aquellos que han vivido una existencia de autonomía.

Carme Elías, la reconocida actriz, conoce bien esta realidad. Tras recibir el diagnóstico de Alzheimer en 2019, hizo pública su situación en marzo de 2022 durante el Brain Film Fest de Barcelona. Este diagnóstico aclaró los problemas de memoria y bloqueos que habían afectado su desempeño profesional. En el Día Mundial del Alzheimer, sus reflexiones adquieren una relevancia especial, ya que no solo aborda el miedo y la memoria, sino también la menos explorada faceta de aceptar la asistencia.

Como expresó en una entrevista en El Intermedio en mayo de 2023, “uno debe permitirse ser cuidado y aprender a hacerlo”. En aquel momento, se refería a su hermano Joan, quien la acompañaba y gestionaba gran parte de su vida. Elías reconoció que esta adaptación no fue sencilla, dada su naturaleza fuertemente independiente. La psicóloga Sara Navarrete explica que para algunas personas, la autonomía no es solo una forma de operar, sino una parte intrínseca de su identidad. Por ello, cuando surgen enfermedades o circunstancias que exigen depender de otros, el cambio va más allá de lo práctico y puede sacudir la propia identidad, generando pensamientos como “ya no soy quien era” o “no quiero ser una molestia”. Aceptar la ayuda implica confrontar la vulnerabilidad, lo que psicológicamente es muy complejo. Sin embargo, Navarrete subraya que necesitar a los demás no implica perder la autonomía; esta también reside en la capacidad de elegir a quién confiamos y cómo recibimos el apoyo.

La situación se complica aún más cuando quien ha cuidado siempre a otros se convierte en el receptor de cuidados. Este “cambio de roles” puede generar emociones mixtas de gratitud, amor, pero también tristeza, enojo, miedo o vergüenza, como señala Sara Navarrete. La idea de convertirse en una “carga” es recurrente. No obstante, Navarrete cuestiona esta percepción, recordando que las relaciones humanas no son un intercambio contable exacto. A lo largo de la vida, a veces apoyamos y otras necesitamos ser apoyados; aceptar esta dinámica es parte de la madurez emocional. Además, la necesidad de asistencia no significa la pérdida de la capacidad de decidir sobre la propia vida. Es fundamental, en la medida de lo posible, preguntar a la persona “qué desea, cómo prefiere hacer las cosas y qué tipo de ayuda necesita”. Cuidar no debe ser sustituir, sino acompañar. En enfermedades como el Alzheimer, donde las necesidades pueden aumentar con el tiempo, preservar las capacidades, preferencias y espacios de decisión del individuo es una parte esencial del cuidado. Carme Elías ha insistido en ser tratada como adulta, no como niña, lo que nos recuerda que la necesidad de ayuda no anula la identidad ni la dignidad de quien la recibe.

Existe una creencia común que asocia la fortaleza con la independencia. Pero la verdadera fortaleza emocional, según Sara Navarrete, también implica reconocer nuestras limitaciones, buscar ayuda y permitir que otros nos acompañen. Expresar “ahora te necesito” puede ser difícil, ya que requiere confianza, humildad y una gran capacidad de adaptación. Aceptar la ayuda no es rendirse, sino entender que la dignidad no depende de la habilidad para hacerlo todo por uno mismo. Además, permitir que quienes nos aman nos cuiden es una forma de que expresen su afecto, y en ocasiones, aceptar ese cuidado es una manera de cuidarlos a ellos. Si, como afirma Carme Elías, aprender a ser cuidado es un proceso, el primer paso, según Navarrete, es cambiar la percepción de la ayuda. En lugar de pensar “ya no puedo”, hay que decir “necesito apoyo para ciertas cosas”. Mantener espacios de decisión y autonomía es crucial, así como abordar la culpa que a menudo surge. La psicóloga sugiere preguntarse: “Si un ser querido necesitara mi ayuda, ¿lo consideraría una carga?”. La respuesta, probablemente negativa, revela cuán duros somos con nosotros mismos. Así, aprender a ser cuidado implica aceptar que nuestro valor no disminuye al necesitar a otros. Hay etapas en la vida para cuidar y otras para ser cuidado; ambas son parte del amor y los vínculos humanos. La independencia nos enseña a caminar solos, pero permitirnos ser cuidados nos muestra que no siempre es necesario hacerlo.