El Dr. Manuel Sánchez Luna, jefe de Neonatología del Hospital Gregorio Marañón, destaca que la apnea recurrente en bebés nacidos antes de las 32 semanas de gestación se origina principalmente por la falta de desarrollo completo del sistema respiratorio y la influencia inhibidora de las prostaglandinas E1 en el sistema nervioso central. Estas dos circunstancias suelen converger, y la apnea mejora a medida que el bebé prematuro madura, resolviéndose completamente, generalmente, después del primer mes de hospitalización.
Mientras se espera la maduración, se implementan medidas preventivas y terapéuticas para manejar la apnea. Estas incluyen el suministro de oxígeno, el uso de presión positiva continua en las vías aéreas (CPAP) y la administración de citrato de cafeína. Este último fármaco, utilizado para estimular el centro respiratorio cerebral, es fundamental para ayudar a los pequeños a establecer una respiración regular.
La apnea de la prematuridad, definida como la interrupción de la respiración por 20 segundos o menos si se acompaña de bradicardia o cianosis, se clasifica en tres tipos según su origen: central (10-25% de los casos), obstructiva (10-25%) y mixta (50-75%), siendo esta última la más común y prolongada. Es importante diferenciarla de las respiraciones periódicas, que son pausas breves y benignas.
La hipoxia (disminución de oxígeno en sangre) y la bradicardia (reducción de la frecuencia cardíaca) son consecuencias directas de la apnea. Además, la frecuencia e intensidad de estos episodios pueden influir negativamente en el curso de otras patologías graves, como la enterocolitis necrotizante y la retinopatía del prematuro, y afectar el neurodesarrollo del bebé.
Dentro del útero, el feto no respira por sí mismo; el intercambio gaseoso ocurre a través de la placenta y el cordón umbilical. Las prostaglandinas E1, presentes en alta concentración, inhiben el centro respiratorio cerebral fetal. Al acercarse el parto, los niveles de estas sustancias disminuyen, y los estímulos del nacimiento, junto con el pinzamiento del cordón, activan la respiración pulmonar autónoma.
Los bebés nacidos con menos de 32 semanas y un peso inferior a 1.500 gramos enfrentan una inmadurez fisiológica y altos niveles persistentes de prostaglandinas E1. Requieren cuidados intensivos en unidades especializadas, donde se aplican estímulos poderosos para iniciar y mantener una respiración pulmonar adecuada. La apnea central, donde el cerebro no emite la señal de respiración, es tratada con presión positiva y la administración de cafeína, que estimula el centro respiratorio y ofrece beneficios adicionales como efecto diurético, fortalecimiento muscular respiratorio y acción antiinflamatoria, reduciendo el riesgo de displasia broncopulmonar. La cafeína es un fármaco seguro, utilizado hasta que el centro respiratorio cerebral madura lo suficiente, generalmente alrededor de las 32 semanas posmenstruales.
En la apnea obstructiva, aunque el bebé prematuro intenta respirar, sus músculos débiles de la garganta y las vías aéreas colapsan, impidiendo la entrada de aire. Esta situación requiere ventilación con presión positiva nasal intermitente para facilitar la respiración sin esfuerzo.
Mientras que la apnea es común en prematuros, su aparición en bebés nacidos a término es un indicio de un problema subyacente grave, a menudo relacionado con el sistema nervioso central. Causas incluyen infecciones, trastornos como asfixia perinatal o hemorragia intracraneal, problemas respiratorios anatómicos, alteraciones metabólicas o efectos de medicamentos maternos. La aparición súbita de apnea en un bebé a término debe ser motivo de consulta médica urgente. El Dr. Manuel Sánchez Luna subraya la dedicación constante de los equipos neonatales para atender a estos pequeños pacientes y sus familias.