Conocemos a individuos que, a pesar de las complejidades de la vida, afrontan los retos con una serenidad admirable. Esta capacidad no se debe a una vida exenta de dificultades, sino a su habilidad para identificar y utilizar sus puntos fuertes. Donde algunos se estancan, otros transforman los obstáculos en oportunidades de crecimiento.
Esta idea es central en la psicología positiva, una corriente que Martin Seligman, un influyente psicólogo, ha promovido. Para Seligman, la felicidad va más allá de sentir placer; implica cultivar lo que mejor sabemos hacer. Su célebre frase, "La felicidad auténtica nace de usar nuestras fortalezas", resume esta visión. Pero, ¿qué implica realmente y por qué la ciencia apoya que reconocer nuestras fortalezas mejora nuestro bienestar?
Durante mucho tiempo, la psicología se concentró en los trastornos mentales y sus tratamientos. Martin Seligman propuso una visión más amplia, explorando qué impulsa a las personas a florecer, a ser resilientes y a construir vidas satisfactorias. Así surgió la psicología positiva, que sugiere que el bienestar no solo se logra evitando el sufrimiento, sino también potenciando nuestras habilidades, cultivando relaciones significativas, encontrando un propósito y aplicando nuestras fortalezas personales.
Una idea errónea común es que la felicidad depende de que todo vaya bien. Sin embargo, Seligman propone lo opuesto: las personas más satisfechas no son las que evitan los problemas, sino las que utilizan sus recursos internos para enfrentarlos. Regina Insa Martínez, psicóloga, Gestalt terapeuta y coach, refuerza esta idea, definiendo la fortaleza mental como la capacidad de tomar el control de la situación y dirigir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos hacia la consecución de nuestros objetivos, a pesar de las dificultades. No se trata de eliminar el miedo o la frustración, sino de mantener el rumbo frente a la adversidad.
Al pensar en fortalezas, a menudo imaginamos talentos extraordinarios. Sin embargo, la psicología también considera fortalezas la perseverancia, la curiosidad, la creatividad, la empatía, el autocontrol y el optimismo. El problema es que muchas personas dedican una gran cantidad de energía a corregir sus debilidades, ignorando lo que las hace verdaderamente eficientes. Regina Insa subraya que conocer nuestras fortalezas nos proporciona puntos de apoyo esenciales para avanzar, incluso en situaciones complejas. Ella también aconseja identificar honestamente nuestras debilidades para anticiparnos a ellas, sin permitir que dominen nuestro comportamiento.
Una excelente noticia es que las fortalezas y la fortaleza mental no son cualidades innatas; ambas pueden desarrollarse. Según Regina Insa, el primer paso es encontrar una “brújula”, es decir, definir claramente nuestros valores, prioridades y principios. Cuando sabemos qué es crucial para nosotros, tomar decisiones coherentes y mantener el rumbo frente a las dificultades se vuelve mucho más sencillo.
La especialista recomienda salir gradualmente de la zona de confort, transformar la preocupación en acción, vivir más en el presente y aprender a observar las emociones sin que estas dirijan todas nuestras decisiones. Además, sugiere revisar el diálogo interno, recordando que lo que creemos, lo creamos.
A menudo nos cuesta identificar nuestras fortalezas porque damos por sentadas las cosas que hacemos bien. Sin embargo, hay pistas que pueden ayudarnos. Pregúntate qué actividades te hacen perder la noción del tiempo, en qué situaciones otros te piden ayuda, o qué tareas realizas con facilidad mientras a otros les resultan complicadas. También es útil mirar hacia el pasado. Regina Insa sugiere revisar los momentos de éxito y preguntarse qué recursos personales utilizamos entonces y si esas mismas fortalezas podrían ayudarnos a afrontar los desafíos actuales. No se trata de buscar la perfección, sino de reconocer y emplear más a menudo lo que ya poseemos.
Quizás esta sea la mejor manera de entender la frase de Martin Seligman. La felicidad auténtica no proviene de esperar a que los problemas desaparezcan o de intentar ser buenos en todo. Comienza cuando descubrimos nuestras fortalezas, confiamos en ellas y las ponemos al servicio de una vida coherente con nuestros valores. Al final, las personas mentalmente más fuertes no son las que nunca caen, sino las que saben apoyarse en lo mejor de sí mismas para levantarse de nuevo.