Una de las frustraciones más comunes es despertarse tras una noche de sueño aparentemente adecuada, sintiendo que el cuerpo no se ha revitalizado por completo y que la mente sigue nublada. Si las prácticas de higiene del sueño se han seguido al pie de la letra y, aun así, la energía brilla por su ausencia, la causa podría ser más profunda de lo que parece.
El psicólogo José Martín del Pliego enfatiza la distinción fundamental: dormir no es sinónimo de descansar. Explica que las respuestas de alerta se arraigan en el cuerpo y se proyectan hacia el cerebro, lo que significa que, aunque se cumpla con las horas de sueño, el sistema nervioso puede permanecer activo, impidiendo una verdadera recuperación. Esta activación constante es la raíz del agotamiento.
El sistema nervioso, diseñado para protegernos, puede volverse en nuestra contra en la vida moderna. La preocupación constante, el estrés o una gestión deficiente de las emociones mantienen al cuerpo en un estado de alerta. En lugar de relajarse, se mantiene en guardia, incluso durante el sueño, impidiendo una desconexión reparadora.
Frecuentemente, el cansancio se intenta mitigar con más sueño o suplementos. Sin embargo, si el origen es emocional, estos remedios resultan infructuosos. El experto señala que el cuerpo se recupera mejor del esfuerzo físico que del emocional, ya que este último se acumula y persiste. Muchas personas consultan por problemas físicos, sin percatarse de que el peso de sus preocupaciones y conflictos no resueltos es el verdadero motor de su fatiga.
El desgaste proviene de la forma en que el sistema nervioso reacciona al estrés y la ansiedad. El estrés se define como un intento fallido de adaptación, mientras que la ansiedad es una respuesta de alerta persistente. Ambos agotan los recursos físicos y mentales, manteniendo al cuerpo en un estado de preparación para un peligro que no llega, impidiendo la verdadera desconexión.
Ante una carga emocional extrema, el cuerpo puede reaccionar de dos maneras: una sobreactivación constante (la lucha o huida) o la “congelación”. Esta última, similar a la depresión pero diferente en su origen, se caracteriza por una sensación de incapacidad para avanzar en la vida, revelando una profunda carga emocional subyacente.
Si el sueño no cumple su función reparadora debido a la saturación mental, es crucial adoptar medidas que vayan más allá de las horas de descanso. El psicólogo José Martín del Pliego recomienda:
En última instancia, si la fatiga persiste a pesar de dormir lo suficiente, la solución podría no residir en un mejor colchón, sino en una gestión más efectiva del mundo emocional. Es fundamental reconocer nuestras capacidades y limitaciones para evitar el desgaste que, eventualmente, se manifiesta en problemas físicos.