En un esfuerzo por garantizar que cada individuo afectado por enfermedades cardiovasculares reciba el cuidado y la atención que merece, Cardioalianza ha articulado un conjunto de diez principios fundamentales. Esta iniciativa busca establecer un sistema de atención más equitativo, integral y profundamente humano, asegurando que la ubicación geográfica o las circunstancias personales no sean obstáculos para acceder a diagnósticos oportunos, programas de rehabilitación cardíaca y un seguimiento médico adecuado.
Las afecciones cardiovasculares representan un desafío global significativo para la salud pública. En España, estas enfermedades constituyeron la segunda causa de mortalidad en 2025, responsables de más de una cuarta parte de los decesos. A nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud, son la principal causa de muerte, cobrando aproximadamente el 32% de todas las vidas. La campaña #NoPierdasElLatido❤️ de la World Heart Federation (WHF), lanzada para el Día Mundial del Corazón, enfatiza la importancia de identificar las señales de advertencia temprana y la necesidad de tomar medidas preventivas, ya que una proporción considerable de estas muertes está ligada a factores de riesgo modificables o prevenibles.
El decálogo propuesto por Cardioalianza abarca desde la prevención y detección temprana, reforzando la colaboración entre la Atención Primaria y Cardiología, hasta la garantía de acceso a la rehabilitación cardíaca en todo el territorio. Además, subraya la importancia de un acompañamiento continuo más allá del alta hospitalaria, prestando especial atención a las cardiopatías menos comunes y a las hereditarias, y asegurando que los derechos de atención sean uniformes, sin importar la residencia del paciente. Se promueve una perspectiva de género y social en las políticas de salud para evitar sesgos, fomentar la participación activa de los pacientes en sus decisiones de salud mediante información clara, y mejorar los sistemas de información para medir el impacto de la enfermedad en la calidad de vida. Finalmente, se hace un llamado a cuidar al individuo en su totalidad, reconociendo y abordando las repercusiones emocionales, sociales, familiares, laborales y económicas de vivir con una enfermedad cardiovascular.
Adoptar estos compromisos significa dar un paso firme hacia un futuro donde la salud cardiovascular sea una prioridad real, donde la atención sea universal y donde cada persona se sienta apoyada y valorada en su lucha contra la enfermedad. Es un camino hacia la esperanza y la calidad de vida para todos aquellos que viven con una afección cardíaca.