La PMP ha manifestado su rotundo rechazo al desalojo de Maricarmen, una situación que consideran completamente inaceptable. La mujer, de 87 años y con una discapacidad reconocida del 50%, fue forzada a abandonar el hogar que había sido suyo por más de siete décadas. Este trágico evento se llevó a cabo sin que se le proporcionara una solución de vivienda digna, estable, accesible y que se ajustara a sus deseos y necesidades. Fue trasladada a un hospital, y las opciones presentadas, como una residencia privada con un costo inasumible para su pensión, demuestran la insuficiencia de las alternativas.
La Plataforma subraya el impacto devastador que un desalojo de estas características tiene en la salud y el equilibrio emocional de una persona mayor. Perder abruptamente el hogar de toda una vida implica la pérdida de referencias, rutinas, lazos comunitarios y la sensación de seguridad. A edad avanzada y con discapacidad, el desarraigo forzoso provoca un estrés intenso, desorientación, angustia y miedo, pudiendo agravar problemas de salud preexistentes y acelerar el deterioro físico y cognitivo.
Para la PMP, el caso de Maricarmen representa un fracaso inaceptable de las administraciones públicas y de los mecanismos de protección social. Argumentan que una sociedad democrática no puede permitir que una persona mayor y vulnerable sea expulsada de su hogar sin una solución adecuada y previa. La Plataforma enfatiza que las políticas públicas deben garantizar el derecho a una vivienda digna y adecuada para todos los ciudadanos, especialmente para aquellos en situación de mayor fragilidad.
La PMP rechaza vehementemente la idea de que una residencia sea la única alternativa habitacional para una persona mayor con discapacidad, simplemente por su edad. Insisten en que el ingreso en una residencia debe ser una decisión libre, informada y voluntaria de la persona, basada en sus necesidades y preferencias. No debe convertirse en una imposición forzosa por la falta de políticas de vivienda adecuadas, ni en una forma de institucionalización no deseada.
Este desalojo contradice flagrantemente la reciente aprobación de la reforma de la Ley de Dependencia, que aboga por que las personas permanezcan en sus hogares y entornos comunitarios, con más apoyos domiciliarios y derecho a decidir sobre sus cuidados. La PMP considera incoherente que, mientras se proclama este modelo en el Parlamento, se responda a una mujer mayor que pierde su casa con una plaza residencial que ella no ha elegido.
La Plataforma recuerda que la Constitución Española garantiza el derecho a una vivienda digna y adecuada (artículo 47), la protección de la salud (artículo 43) y la obligación de los poderes públicos de atender los problemas específicos de vivienda de las personas mayores a través de los servicios sociales (artículo 50). El presidente de la PMP, Jesús Norberto Fernández, subraya que este mandato no es una mera declaración de intenciones, sino una obligación de actuar antes de que una persona mayor se quede sin hogar.
La PMP exige la implementación de mecanismos públicos de detección temprana, coordinación institucional y acompañamiento individualizado para evitar que las personas mayores lleguen a la situación de desalojo sin una solución adaptada. Sus demandas incluyen:
El presidente de la PMP concluye: “Lo ocurrido con Maricarmen es intolerable. Una residencia no es una alternativa habitacional y la edad no puede utilizarse para despojar a una persona de su derecho a decidir dónde vivir. Expulsar de su hogar a una mujer de 87 años sin ofrecerle previamente una vivienda adecuada constituye un fracaso de los poderes públicos.”