En ocasiones, durante ejercicios como las sentadillas, una extremidad inferior puede asumir una carga mayor sin que seamos conscientes. Javier Abreu, un experto en entrenamiento de alto rendimiento, señala que en una sentadilla convencional, la pierna dominante tiende a compensar, haciendo que el movimiento parezca equilibrado. Un indicador simple de esta asimetría puede observarse al subir escalones: si una pierna asciende con facilidad mientras la otra requiere impulso adicional, es una clara señal.
Realizar ejercicios unilaterales nos permite identificar estas diferencias y abordarlas, particularmente relevante en el entrenamiento de fuerza después de los 50. Abreu enfatiza que estas asimetrías no son exclusivas de la edad avanzada y su detección no implica necesariamente una lesión. Factores como lesiones previas o hábitos posturales pueden influir. Sin embargo, una disparidad pronunciada, el surgimiento repentino de dolor o la pérdida de fuerza requieren atención médica. El objetivo principal no es alcanzar una simetría perfecta, sino asegurar que ambas piernas posean la capacidad funcional necesaria para las actividades diarias.
Abreu propone una prueba sencilla: subir y bajar un escalón bajo ocho veces con cada pierna. Durante este ejercicio, es crucial observar si una pierna requiere más esfuerzo, si la rodilla se mueve de manera diferente, si la pelvis se inclina o si se necesita apoyo para mantener el equilibrio. Las zancadas también son útiles para evaluar la profundidad y estabilidad en ambos lados. Incluso levantarse de una silla puede revelar desequilibrios si el cuerpo se inclina sistemáticamente hacia un lado. La vida cotidiana demanda constantemente el trabajo unilateral de nuestras extremidades, resaltando la necesidad de fortalecer cada pierna de forma independiente.
Una vez identificada la pierna más débil, Abreu aconseja iniciar el entrenamiento unilateral con esa extremidad. Se recomienda realizar el mismo número de repeticiones en ambas piernas, incluso si la más fuerte podría hacer más, para evitar aumentar la disparidad. Para las subidas al escalón, se sugieren dos o tres series de ocho a doce repeticiones por pierna, priorizando el control sobre el impulso. Si la dificultad persiste, se puede reducir la altura del escalón o usar un soporte. Una vez dominado el movimiento, se puede aumentar la altura y, progresivamente, añadir peso.
Otra opción es la zancada asistida, utilizando una pared o barra para mantener el equilibrio, siguiendo el mismo esquema de series y repeticiones. El enfoque inicial debe ser mejorar el control, luego aumentar la profundidad y finalmente incorporar peso. Si después de varias semanas la diferencia sigue siendo notable, se podría considerar un mayor volumen de trabajo para la pierna más débil (por ejemplo, tres series para la débil y dos para la fuerte). No obstante, es fundamental no forzar la corrección y combinar el trabajo unilateral con ejercicios bilaterales como la sentadilla, donde ambas piernas participan conjuntamente.