Frente a las oleadas de calor, la recomendación habitual de ejercitarse solo al amanecer o al anochecer es, en realidad, una simplificación excesiva. El experto en entrenamiento personal Marcos Flórez subraya que la ecuación es mucho más compleja, involucrando no solo la hora, sino también el entorno, la naturaleza de la actividad y las condiciones meteorológicas específicas.
Mientras que para las actividades al aire libre sigue siendo prudente evitar las horas centrales del día, este principio no aplica universalmente. Flórez aclara que si el entrenamiento se realiza en un espacio interior, bien protegido del sol directo y adecuadamente climatizado, el momento del día deja de ser una restricción. La adaptabilidad de la actividad, como la posibilidad de trasladar sesiones de fuerza o pilates a interiores, es un factor crucial.
La geografía española presenta una diversidad climática significativa, lo que implica que las recomendaciones no pueden ser uniformes. La humedad, en particular, juega un papel determinante en la sensación térmica y en la capacidad del cuerpo para regular la temperatura. Lo que funciona en una región seca, puede no ser adecuado en una zona costera con alta humedad.
Cuando las circunstancias obligan a entrenar en los momentos de mayor calor, la prioridad debe cambiar del rendimiento a la seguridad. Flórez enfatiza la importancia de una hidratación constante, el uso de protección solar adecuada y la elección de vestimenta correcta. Además, se aconseja reducir la intensidad y la duración del ejercicio y prestar especial atención a la reposición de líquidos y sales.
Un error común, señalado por Flórez, es el uso de ropa de algodón. Este material retiene el sudor, lo que dificulta la evaporación y obstaculiza la capacidad del cuerpo para disipar el calor de manera efectiva. En contraste, las prendas técnicas facilitan la transpiración, ayudando a regular la temperatura corporal. Si no se dispone de ropa técnica, cambiar la camiseta mojada es una alternativa práctica.
Aunque el cuerpo humano posee cierta capacidad de aclimatación, esta tiene límites. El especialista aconseja "sentido común y adaptación". Si se retoma el ejercicio o se inicia una nueva rutina durante el verano, es fundamental reducir la intensidad y la duración de las sesiones iniciales, permitiendo que el cuerpo se adapte progresivamente a las nuevas condiciones térmicas. No se debe esperar el mismo rendimiento que en épocas más frescas.