Un fruto a menudo pasado por alto en nuestras compras, que sin embargo, cuenta con siglos de cultivo en nuestra región, ha captado recientemente la atención. Nos referimos a la azufaifa, una pequeña baya que la modelo Vanesa Lorenzo compartió en sus redes sociales, despertando un gran interés. Ella la mencionó por su nombre catalán, gínjol, y con una expresión local, “Més eixerit que un gínjol”, que significa estar animado o vivaz. Vanesa Lorenzo, al celebrar su consumo, describió la azufaifa como un fruto mediterráneo, crujiente, ligeramente dulce, con un sabor que evoca a la manzana fresca y al dátil cuando madura. A pesar de que muchas personas en nuestra redacción no lo conocían, sus beneficios nutricionales han generado curiosidad. Es rica en vitamina C, fibra y polifenoles, según la propia Vanesa. Por ello, consultamos a Paloma Quintana, una reconocida dietista-nutricionista, para entender mejor las propiedades de este alimento y su posible incorporación en una dieta equilibrada.
La azufaifa, científicamente conocida como Ziziphus jujuba, es el fruto del árbol del azufaifo, originario de Asia y ampliamente cultivado en el Mediterráneo. Dependiendo de la región, recibe nombres como gínjol, jujube o dátil chino. Este pequeño fruto, de forma redondeada u ovalada, experimenta cambios en su aspecto y sabor a medida que madura. Inicialmente, presenta una piel lisa y una pulpa firme y crujiente con un sabor suave y dulzón, similar al de una manzana. Al madurar, su piel adquiere tonos rojizos y marrones, y su textura se vuelve más blanda, intensificando su dulzor hasta recordar al dátil. Esta evolución permite disfrutarla en distintas etapas de maduración, e incluso deshidratada. Paloma Quintana, nuestra experta en nutrición, enfatiza que la azufaifa es una fruta nutricionalmente muy completa. Destaca su riqueza en vitamina C, que es esencial para el sistema inmunitario y la formación de colágeno, además de proteger las células del daño oxidativo. También resalta la presencia de compuestos fenólicos, que actúan como antioxidantes, y su considerable aporte de fibra, crucial para la salud intestinal y la sensación de saciedad, especialmente cuando se consume el fruto entero. En resumen, la azufaifa es una excelente opción para enriquecer la dieta con micronutrientes y compuestos bioactivos.
Integrar la azufaifa en nuestra dieta es sencillo, similar a cualquier otra fruta. Puede consumirse fresca, como tentempié, postre o acompañando las comidas. En su estado fresco, ofrece una textura crujiente que Vanesa Lorenzo compara con la manzana. Otra alternativa es la azufaifa deshidratada, aunque aquí es importante considerar que, al perder agua, sus azúcares y calorías se concentran, por lo que se recomienda una ración más pequeña. Esto no demerita la fruta deshidratada, sino que es una característica común en alimentos como las pasas o los dátiles. Paloma Quintana subraya que, más allá de considerarla un “superalimento” milagroso, la azufaifa es una fruta fantástica para aprovechar durante su temporada, como parte de una alimentación variada. Su valor reside en ayudarnos a diversificar el consumo de frutas y a recuperar alimentos tradicionales que, lamentablemente, han ido perdiendo protagonismo en nuestra mesa. Vanesa Lorenzo lo resume con la expresión catalana “Més eixerit que un gínjol”, sugiriendo que comer más azufaifas nos mantiene vitales y despiertos. Así, incorporar este fruto a nuestra alimentación es una invitación a la salud y a la riqueza de nuestra gastronomía ancestral.
La azufaifa nos recuerda que la verdadera riqueza nutricional a menudo se encuentra en la simplicidad y en la diversidad de la naturaleza. Al incorporar este fruto en nuestra dieta, no solo nutrimos nuestro cuerpo con vitaminas, fibra y antioxidantes, sino que también honramos la sabiduría de generaciones pasadas y fomentamos una alimentación más consciente y variada. Cada elección de alimento es una oportunidad para explorar nuevos sabores, apoyar la sostenibilidad y contribuir a nuestro bienestar integral.