En la incesante búsqueda de una vida más larga, la sociedad moderna se enfoca cada vez más en hábitos saludables como la dieta y el ejercicio, pero a menudo deja de lado un componente crucial: el bienestar emocional. Jesús Matos, un destacado psicólogo sanitario y coordinador del Máster en Psicología Aplicada al Bienestar General del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), enfatiza que una vida prolongada carece de sentido si no se acompaña de un estado de plenitud y significado. Matos argumenta que la felicidad no es una responsabilidad puramente individual, sino que está profundamente entrelazada con el entorno material y social en el que vivimos. Además de la ausencia de trastornos psicológicos, la salud mental implica sentir un propósito, contar con una red de apoyo y vivir en condiciones que permitan una cierta tranquilidad. Este enfoque holístico desafía la noción popular de que la felicidad es simplemente un estado de ánimo constante, sugiriendo que es una brújula que guía el rumbo de nuestra vida, permitiéndonos afrontar desafíos y construir un futuro más resiliente.
El 10 de octubre, en conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental, el psicólogo sanitario Jesús Matos, de ISEP, compartió reflexiones profundas sobre la intrincada relación entre el bienestar emocional y una vida plena. Matos subraya que, a pesar de la creciente obsesión por la longevidad a través de dietas y terapias hiperbáricas, se descuida la conversación sobre la felicidad. Para el especialista, el bienestar trasciende lo puramente emocional y subjetivo, estando intrínsecamente ligado a factores materiales y contextuales. Por ejemplo, la presión de mantener múltiples empleos para cubrir gastos básicos limita drásticamente la capacidad de una persona para experimentar bienestar, un aspecto que no puede ignorarse en el diálogo sobre la salud mental.
Matos explica que el bienestar no es sinónimo de una felicidad constante, sino que se compone de dos dimensiones: el estado emocional del momento y la percepción general del rumbo de la vida. Aunque uno puede atravesar períodos difíciles, la sensación de que la vida tiene un propósito puede persistir. El bienestar actúa como una señal que indica la calidad de nuestra interacción con el entorno y, al mismo tiempo, como un motor que facilita la exploración, el aprendizaje y la conexión social, creando un ciclo virtuoso que fortalece la resiliencia.
Para ilustrar el impacto de las emociones positivas en la longevidad, Matos cita un estudio con monjas, el cual reveló que aquellas que expresaban más alegría en sus escritos juveniles vivieron casi siete años más que sus compañeras con menos expresiones positivas. Otro estudio británico con personas mayores de 50 años asoció un mayor bienestar con más años de vida libres de enfermedades crónicas o discapacidad. En cuanto al estrés, el bienestar hedónico (asociado a experiencias agradables) contribuye a una recuperación más rápida de la presión arterial después de situaciones estresantes, demostrando que la resiliencia no es la ausencia de activación, sino la capacidad de recuperar el equilibrio más rápidamente.
Las relaciones personales emergen como pilares fundamentales del bienestar. Una revisión de 148 estudios concluyó que los vínculos sociales sólidos aumentan la probabilidad de supervivencia, equiparando el riesgo del aislamiento social con el de fumar 15 cigarrillos al día. Matos enfatiza que, en la práctica clínica, fomentar el apoyo social es una prioridad. Además, hábitos cotidianos como el movimiento y el sueño son cruciales. Una revisión de 97 estudios sistemáticos demostró que la actividad física reduce significativamente los síntomas de depresión, ansiedad y malestar psicológico. Caminar 30 minutos al día, adaptándose a las circunstancias individuales, puede ser tan beneficioso como ir al gimnasio. El descanso de calidad, según un metaanálisis de 65 ensayos, disminuye los síntomas de depresión, ansiedad, estrés y rumiación. En el Día Mundial de la Salud Mental, Matos concluye que la salud mental va más allá de la ausencia de enfermedad, abarcando el desarrollo personal, el aprendizaje, el trabajo y la contribución a la comunidad. Destaca la necesidad de que el bienestar sea una prioridad en las políticas públicas, reconociendo que las condiciones de vida, como la seguridad económica y habitacional, son tan importantes como la atención psicológica individual.
La conversación con Jesús Matos nos deja una reflexión profunda: la verdadera longevidad y una vida de calidad no se miden únicamente por la ausencia de enfermedad física, sino por la riqueza de nuestro bienestar emocional y la capacidad de encontrar significado en nuestra existencia. Su perspectiva nos invita a reevaluar nuestras prioridades individuales y colectivas, reconociendo que la búsqueda de la felicidad no es un lujo, sino un pilar fundamental para una sociedad sana. Al integrar el cuidado emocional con los hábitos físicos y al abordar las desigualdades socioeconómicas que impactan directamente en la salud mental, podemos construir un futuro donde la vida no solo sea más larga, sino también más plena, conectada y significativa. La resiliencia no es la ausencia de problemas, sino la habilidad de recuperar el equilibrio, una capacidad que se nutre tanto de nuestro interior como del apoyo de nuestro entorno. En última instancia, la felicidad es un viaje que requiere atención constante, tanto a nivel personal como estructural.