Durante los primeros meses de vida, el cambio de pañal es una actividad que se repite innumerables veces. Aunque a menudo se realiza de forma automática, este momento cotidiano representa una ocasión excepcional para interactuar y conectar con el bebé. Es crucial ser consciente no solo de lo que se le comunica verbalmente, sino también del tono de voz, las expresiones faciales y los gestos que acompañan cada palabra, ya que los bebés, aunque no comprendan el lenguaje, están constantemente observando y asimilando información.
La pediatra Natalia Albán enfatiza la necesidad de prestar atención a las respuestas emocionales durante esta rutina. Ella advierte sobre el impacto de las expresiones utilizadas al cambiar el pañal, ya que los bebés aprenden e interpretan el mundo a través de las expresiones de sus cuidadores. Este proceso de aprendizaje se inicia mucho antes de que puedan comprender el significado de las palabras.
El cambio de pañal puede ser una ocasión para enseñar al bebé que las deposiciones son una función corporal natural y normal. Si bien no es necesario convertirlo en una lección formal, es importante evitar expresiones de rechazo que puedan transmitir la idea de que las necesidades fisiológicas son algo desagradable, vergonzoso o que el niño debería ocultar.
Esta es una de las reacciones más comunes ante un pañal sucio. Aunque el olor pueda resultar desagradable para el adulto, es fundamental evitar que el bebé asocie constantemente este momento con una experiencia negativa. Gestos exagerados, como taparse la nariz o fruncir el ceño, también comunican un rechazo que el bebé percibe, incluso sin comprender el significado literal de las palabras.
Decir esto de forma ocasional no tiene mayor relevancia, pero la repetición constante puede reforzar la idea de que la situación es desagradable. Es preferible adoptar una reacción más neutral, sin la necesidad de simular que el pañal huele bien. Una frase sencilla como «Has hecho popó, vamos a cambiarte» describe la situación sin añadir ninguna connotación negativa.
Existe una diferencia fundamental entre describir una situación y etiquetar al niño. No es lo mismo indicar que el pañal necesita ser limpiado que repetir «¡qué sucio estás!». Aunque la intención de los adultos no sea avergonzar, estas expresiones, que se han usado durante generaciones, pueden ser fácilmente reemplazadas por otras más neutras.
Aunque se pronuncie con cariño o en tono de broma, esta frase puede transformar una función corporal natural en una característica negativa del niño. Natalia Albán subraya la importancia de prestar atención a estos detalles, especialmente de cara a la etapa de dejar el pañal. Este tipo de comentarios puede generar miedo o vergüenza en los niños al hacer sus necesidades. La pediatra aconseja normalizar las deposiciones mucho antes de retirar el pañal, enfatizando que «ir al baño a hacer popó es algo completamente normal».
La capacidad de los bebés para interpretar información a través de las expresiones de sus cuidadores no se limita solo al cambio de pañal. Investigaciones científicas han demostrado cómo los bebés aprenden a utilizar las expresiones faciales de sus figuras de referencia para entender lo que ocurre a su alrededor. Un estudio de 2012 publicado en el Journal of Applied Behavior Analysis investigó este fenómeno en bebés de cuatro y cinco meses, observando cómo las expresiones de alegría o miedo de las madres influían en el comportamiento de aproximación de los bebés hacia objetos desconocidos. Aunque este estudio no se centró en el cambio de pañal, sí confirma la temprana capacidad de los bebés para utilizar las expresiones faciales como guías para su comportamiento.
Cuando llegue el momento de dejar el pañal, es deseable que el niño pueda reconocer las señales de su cuerpo y hacer sus necesidades sin sentir vergüenza. Este aprendizaje comienza mucho antes de la transición al orinal. La forma en que se ha hablado sobre el cuerpo del niño en los meses y años previos es fundamental para el contexto en el que afrontará esta nueva etapa.
Natalia Albán explica que «naturalizar el popó como una función normal del cuerpo favorece una relación más saludable con el hábito de ir al baño y puede ayudar a prevenir miedos, vergüenza o la retención de las deposiciones». No es necesario celebrar las deposiciones ni convertir el cambio de pañal en un evento solemne. Basta con tratarlo con la misma naturalidad con la que se espera que los niños aprendan a relacionarse con su propio cuerp