Con la llegada del verano y el incremento de las temperaturas, se observa un resurgimiento del Virus del Nilo. Este patógeno, transmitido por mosquitos, puede causar afecciones que van desde leves, similares a una gripe, hasta casos severos con desenlaces fatales. La reciente confirmación de un deceso en Dos Hermanas, Sevilla, subraya la importancia de mantener la vigilancia sobre esta enfermedad.
El virus, clasificado como flavivirus, encuentra su principal reservorio en las aves. Los mosquitos, mayormente del género Culex, actúan como vectores al picar a aves infectadas y luego transmitir el virus a humanos. Es crucial destacar que la transmisión no ocurre directamente entre personas. Tras la infección, aproximadamente el 80% de los individuos no experimentan síntomas o solo presentan manifestaciones leves, mientras que un 20% desarrolla una enfermedad viral significativa, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El pico de incidencia suele registrarse entre finales de agosto y principios de septiembre.
La mayoría de las infecciones por el Virus del Nilo son asintomáticas o cursan con síntomas leves, como un síndrome similar a la gripe, caracterizado por fiebre, dolores musculares, fatiga y malestar general. La duración habitual de la enfermedad es de tres a seis días, con un período de incubación que oscila entre 3 y 15 días, pudiendo extenderse hasta 21. En menos del 1% de los casos, la infección evoluciona a una enfermedad neuroinvasiva, que puede manifestarse como meningitis, encefalitis o parálisis flácida aguda. La edad avanzada, trasplantes de órganos, diabetes e hipertensión son factores que aumentan la vulnerabilidad a las formas graves de la enfermedad. El manejo de los casos severos se basa en terapias de soporte, incluyendo hospitalización, hidratación intravenosa y asistencia respiratoria. Actualmente, no existe una vacuna disponible para humanos, aunque la inmunidad adquirida tras la infección tiende a ser duradera.
La OMS enfatiza la necesidad de adoptar medidas de salud pública enfocadas en la prevención. Esto incluye la protección personal contra las picaduras de mosquitos mediante el uso de mosquiteras, repelentes y ropa clara de manga larga, así como evitar actividades al aire libre durante las horas de mayor actividad de los mosquitos. A nivel comunitario, es vital eliminar los criaderos de mosquitos en áreas residenciales. Además, se aconseja utilizar guantes y vestimenta protectora al manipular animales enfermos o sus tejidos para reducir el riesgo de transmisión zoonótica. En contextos epidémicos, puede ser necesario implementar restricciones en la donación de sangre y órganos, junto con pruebas de detección, basándose en la situación epidemiológica local.
Jordi Figuerola, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, ha señalado que, aunque este año se observa una mayor circulación de mosquitos portadores del Virus del Nilo Occidental, no se anticipa un brote de la magnitud de 2024, cuando la enfermedad cobró la vida de veinte personas en España. A pesar de que las intensas lluvias invernales y primaverales han propiciado una mayor presencia de mosquitos, adelantando los picos de actividad, el número de casos graves actuales en Andalucía es significativamente menor en comparación con años anteriores. Por lo tanto, aunque se esperan más infecciones que en 2025, los expertos no proyectan una crisis sanitaria de gran envergadura.