Un percance imprevisto puede afectar a cualquiera, incluso a aquellos con una condición física ejemplar, como lo demostró recientemente Eugenia Silva. A pesar de una rutina de ejercicio constante, sufrió una lesión en el brazo. Este incidente nos lleva a reflexionar sobre la importancia de la fuerza que cultivamos antes de que se vuelva indispensable. El especialista en traumatología y cirugía ortopédica, Óscar Ares, explica que el tejido muscular funciona como una reserva funcional. Cuanto mayor sea esta reserva, mejor preparados estaremos para enfrentar enfermedades, cirugías o períodos de inmovilización, lo que nos permitirá mantener nuestra autonomía.
Diversas investigaciones científicas confirman la estrecha relación entre la fuerza muscular y la salud funcional. Un estudio con más de 43,000 adultos mayores de 50 años reveló que la lentitud al levantarse de una silla se correlaciona con un mayor riesgo de mortalidad. Aunque esta prueba no predice la longevidad, sí ofrece una medida sencilla de la capacidad funcional, un factor crítico a medida que envejecemos. De manera similar, la fuerza de agarre, evaluada con un dinamómetro, se ha asociado con la fragilidad, la discapacidad y peores resultados de salud a largo plazo. Ares aclara que no se trata de vivir más por tener más fuerza, sino de que la fuerza es un reflejo de la reserva funcional de nuestro organismo.
Con el paso de los años, el entrenamiento de fuerza se vuelve esencial para preservar la movilidad, la autonomía y la independencia. El traumatólogo enfatiza que los músculos son cruciales para acciones cotidianas como levantarse, subir escaleras y caminar con seguridad. Aunque caminar es una actividad muy beneficiosa y accesible, no reemplaza el desarrollo muscular específico que proporciona el entrenamiento de fuerza. Ares subraya que "caminar es extremadamente saludable, pero no es entrenar fuerza".
El entrenamiento de fuerza es importante en todas las etapas, pero su relevancia se intensifica a partir de los 40-50 años. Durante este período, el mantenimiento de la masa y la calidad muscular se vuelve más desafiante si no se estimula activamente. El experto aconseja que la clave no es imitar a otros, sino adaptar el ejercicio a las capacidades individuales. Es fundamental ajustar la carga, seleccionar los ejercicios adecuados y progresar gradualmente. El ejercicio debe representar un desafío, no un sufrimiento. Para la mayoría, dos o tres sesiones semanales de fuerza, complementadas con ejercicio cardiovascular y una vida activa, son una estrategia sostenible. Lo más alentador es que nunca es tarde para comenzar, incluso personas de 60, 70 u 80 años pueden experimentar mejoras significativas en su fuerza y capacidad funcional con un programa de entrenamiento bien diseñado. El doctor Ares concluye: "No importa tanto la edad que tengamos como empezar a trabajar hoy para conservar nuestra movilidad de mañana. El músculo que construimos hoy es parte de la independencia que tendremos mañana."