Para muchos, la idea de zambullirse en agua gélida al iniciar el día no resulta atractiva. Sin embargo, Ferrán Torres ha adoptado esta costumbre, buscando una mejor gestión del estrés y una mayor vitalidad. El atacante del FC Barcelona ha compartido en el pódcast Miobio que esta práctica, aunque no siempre constante, le permite activar su cuerpo y mente. Más allá de la inmersión matutina, el frío también forma parte de su recuperación post-entrenamiento, sumergiendo sus piernas durante varios minutos, y culmina sus sesiones de sauna con un breve baño de agua fría.
Uno de los aspectos más intrigantes de esta práctica es la elección consciente de enfrentarse a una situación incómoda. Antes de la inmersión, se sabe que el frío será intenso y que el cuerpo querrá escapar, pero se opta por permanecer. La neurocientífica Nicola Vignola destaca que la actividad dopaminérgica, asociada a la motivación y recompensa, requiere un esfuerzo previo. Esto se manifiesta en otras acciones cotidianas como el ejercicio, completar tareas pendientes o abordar conversaciones difíciles. Con el agua fría, esta reacción es instantánea y permite un control inmediato sobre la respuesta del organismo al estrés.
El contacto con el agua fría desencadena una serie de reacciones fisiológicas. Los receptores cutáneos envían señales al cerebro, activando el sistema nervioso simpático, responsable de la respuesta de alerta. Esto provoca un aumento en la liberación de noradrenalina, un neurotransmisor crucial para la atención y la activación. Un metaanálisis reciente, que revisó estudios sobre inmersiones en agua fría a temperaturas inferiores a 15 °C, encontró una reducción significativa del estrés 12 horas después de la exposición, así como mejoras en la calidad del sueño y la vida. No obstante, se subraya la necesidad de más investigación para confirmar estos efectos a largo plazo.
Además de los neurotransmisores, la exposición al frío también influye en las llamadas proteínas de choque frío. La neurocientífica Vignola menciona el RBM3, una proteína que se investiga por su potencial papel en la conservación y regeneración de las conexiones neuronales. Estudios en animales han arrojado resultados prometedores en relación con la prevención de la pérdida neuronal en enfermedades neurodegenerativas. Si bien la exposición al frío se perfila como una herramienta prometedora para la salud cerebral, es importante recalcar que la mayoría de estas investigaciones se han realizado en animales, y se requiere mayor evidencia en humanos para establecer conclusiones definitivas sobre la prevención de enfermedades neurológicas.
Si bien los beneficios potenciales del agua fría son interesantes, es fundamental abordar esta práctica con cautela. Una inmersión abrupta en agua muy fría puede desencadenar una “respuesta de choque frío”, caracterizada por una inspiración involuntaria y una respiración acelerada que puede derivar en hiperventilación. Además, el frío afecta el sistema cardiovascular, por lo que las personas con afecciones cardíacas o de salud deben consultar a un profesional antes de intentarlo. Se recomienda una adaptación gradual, comenzando con exposiciones cortas y temperaturas menos extremas. En el caso de inmersiones en aguas abiertas, la seguridad es primordial, y nunca deben realizarse en solitario. La práctica de Ferrán Torres, aunque no es una cura milagrosa, representa un ejemplo de cómo desafiar conscientemente el cuerpo y la mente puede ofrecer nuevas vías para el bienestar y la resiliencia.