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La paradoja de la felicidad: ¿por qué la reconocemos mejor en el pasado?

08/07 2026

Con frecuencia, la verdadera esencia de la felicidad se nos escapa en el presente, solo para revelarse con claridad a trav←s del prisma del recuerdo. Miramos fotograf■as antiguas y, de repente, una etapa que en su momento estuvo llena de desaf■os, incertidumbres y miedos se transforma en un per■odo de alegr■a y satisfacci￳n. Este fen￳meno, donde los veranos de juventud, los a￱os universitarios, la crianza de los hijos o incluso empleos que parec■an poco gratificantes se revisten de nostalgia y aprecio, es una constante en la experiencia humana. Es como si el tiempo actuara como un filtro, disolviendo las preocupaciones y resaltando la luminosidad de lo vivido, permiti←ndonos reconocer la felicidad solo cuando ya forma parte de nuestro ayer.

Esta intrigante particularidad de la percepci￳n humana fue magistralmente capturada en una frase atribuida a Julio Cort£zar, que resuena poderosamente en la era digital: "No s← hablar de la felicidad, pero eso no quiere decir que no la haya tenido". Esta declaraci￳n encapsula la esencia de c￳mo la felicidad rara vez se presenta con fanfarrias o como un evento trascendental. En cambio, suele manifestarse discretamente, camuflada entre las rutinas diarias, hasta que la perspectiva del pasado nos concede la lucidez para identificarla y valorarla. Una comida familiar que en su momento pudo parecer mon￳tona o un per■odo que hoy evocamos con anhelo son ejemplos claros de c￳mo los momentos de dicha a menudo pasan desapercibidos en su transcurrir, para luego ser redescubiertos como tesoros en la memoria.

Julio Cort£zar (1914-1984), una figura tit£nica de la literatura hispanoamericana del siglo XX, dej￳ un legado de novelas, relatos y ensayos que transformaron la narrativa, destacando obras como "Rayuela". Sus reflexiones siguen invit£ndonos a observar el mundo desde una ￳ptica renovada, encontrando la profundidad en lo aparentemente mundano. Esta capacidad de ver m£s all£ de lo evidente conecta directamente con la pregunta fundamental: ﾿por qu← la conciencia plena de nuestra propia felicidad a menudo llega nicamente cuando esta ya se ha desvanecido en el tiempo?

Esther Boada, psic￳loga y directora de Centro Sukha, interpreta esta afirmaci￳n de Cort£zar como un recordatorio crucial: no todo en la existencia puede ser categorizado o explicado con la l￳gica del lenguaje. Subraya que la tendencia humana a intentar definir, entender y nombrar cada emoci￳n encuentra un l■mite en conceptos tan elusivos como la felicidad. Para Boada, la felicidad es una de esas experiencias que resiste las definiciones estrictas. La humanidad ha buscado comprender su naturaleza y c￳mo alcanzarla durante siglos, sin hallar una respuesta nica y definitiva. La especialista sugiere que, en lugar de obsesionarnos con su conceptualizaci￳n, deber■amos permitirnos simplemente vivirla, ya que su esencia es m£s sentida que razonada.

La psic￳loga tambi←n resalta la frecuente tendencia a intelectualizar en exceso las emociones. Desde su perspectiva profesional, observa c￳mo las personas se empe￱an en analizar si son felices, en qu← medida lo son, o c￳mo deber■an sentirse. Sin embargo, recalca que la felicidad es primordialmente una vivencia, no un constructo mental. Hay instantes cuya verdadera magnitud solo se aprecia cuando se contemplan con la distancia y la sabidur■a que ofrece el tiempo. Este enfoque sugiere que, al dejar de lado la necesidad de un an£lisis constante, abrimos espacio para experimentar la felicidad de forma m£s aut←ntica y profunda, permitiendo que se manifieste en su propia complejidad.

En el contexto terap←utico, Boada explica que la felicidad adopta un significado distinto para cada individuo, sin que exista una interpretaci￳n correcta o incorrecta. Su prop￳sito es transmitir la idea de que ser feliz no implica nicamente sentir emociones positivas. La felicidad abarca mucho m£s que una simple acumulaci￳n de alegr■a; es un estado integral que, si se limita solo a la euforia, puede generar un da￱o considerable. Esta perspectiva subraya la importancia de una comprensi￳n m£s hol■stica y menos restrictiva de lo que significa experimentar la felicidad aut←ntica.

De hecho, el nombre de su centro, Sukha, se inspira precisamente en esta concepci￳n. En la filosof■a oriental, Sukha no alude a una felicidad exuberante ni a una vida sin contratiempos, sino a una sensaci￳n de profundo bienestar, de paz interna y de equilibrio que puede mantenerse incluso en circunstancias adversas. Esta visi￳n, segn Boada, es mucho m£s pragm£tica y humana, ya que reconoce la complejidad de la existencia y la capacidad de encontrar serenidad y plenitud a pesar de los desaf■os.

Es comn que en retrospectiva exclamemos: "ᄀQu← dichoso era en ese entonces!", refiri←ndonos a un per■odo que, mientras lo viv■amos, estaba plagado de inquietudes. Esta aparente contradicci￳n tiene una explicaci￳n para la psic￳loga. Sostiene que a menudo tenemos una concepci￳n err￳nea de la felicidad, imagin£ndola como un estado perpetuo, intenso y exento de problemas. Esperamos que se manifieste de una forma tan obvia que, parad￳jicamente, no la reconocemos mientras la estamos experimentando. Nuestro cerebro, adem£s, est£ programado para enfocarse m£s en lo que nos falta que en lo que ya poseemos. Este mecanismo, crucial para nuestra evoluci￳n, tambi←n genera la constante sensaci￳n de necesitar algo adicional para alcanzar el bienestar, lo que nos dificulta apreciar la felicidad presente.

Boada observa frecuentemente en su consulta a individuos que evocan per■odos pasados con la convicci￳n de haber sido felices, aunque en su momento sintieran que solo exist■an problemas. Con el transcurso del tiempo, las preocupaciones se atenan, y es entonces cuando somos capaces de percibir todo lo positivo que pas￳ desapercibido en aquel instante. Por ello, la especialista sugiere que el problema no radica en la ausencia de felicidad, sino en c￳mo la concebimos. Quiz£ la equivocaci￳n reside en pensar que la felicidad es un destino al que se llega. Ella, en cambio, cree que se asemeja m£s a peque￱os momentos fugaces que aparecen y desaparecen. Y cuanto m£s nos aferramos a la idea de perseguirlos o retenerlos, m£s elusivos se vuelven.

Existe otra idea muy extendida que, segn la experta, podr■a alejarnos del bienestar: la creencia err￳nea de que ser feliz implica la ausencia de tristeza, miedo, frustraci￳n o incertidumbre. La felicidad, explica, no reside en erradicar las emociones dif■ciles, sino en aprender a coexistir con ellas sin que controlen nuestra vida. Al final, una vida plena no es aquella donde el sol brilla constantemente, sino aquella de la que podemos sentirnos orgullosos porque, incluso en los d■as m£s oscuros, seguimos construyendo algo que nos aporta sentido y significado, integrando todas las facetas de nuestra experiencia emocional.

Una estrategia que Esther Boada recalca a menudo en consulta es la importancia de reformular las preguntas que nos hacemos. El primer paso, sugiere, podr■a ser abandonar la idea de perseguir la felicidad como un destino lejano al que algn d■a arribaremos. Cuando vivimos anhelando ese instante en que todo encaje perfectamente, corremos el riesgo de perdernos la vida que transcurre ante nuestros ojos. En lugar de interrogarse constantemente "﾿Soy feliz?", la psic￳loga propone una pregunta m£s profunda y constructiva: "﾿Estoy construyendo una vida que tiene sentido para m■?" La felicidad, ella enfatiza, no suele manifestarse cuando desaparecen los problemas, sino cuando sentimos que nuestra existencia est£ en armon■a con nuestros valores, con las personas que amamos y con aquello que consideramos esencial. Este cambio de perspectiva fomenta una apreciaci￳n m£s consciente y arraigada del bienestar en el presente.

Adem£s, la psic￳loga destaca que gran parte del bienestar se halla en los peque￱os detalles de la vida cotidiana, a menudo ignorados. Es crucial cultivar la capacidad de detenernos y apreciar el momento. Nuestra mente tiende a enfocarse en la pr￳xima meta, pero rara vez se detiene a reconocer lo que ya existe. Gestos tan simples como agradecer un momento placentero, saborear una conversaci￳n, disfrutar tranquilamente de una comida o abrazar a alguien sin prisas, aunque parezcan insignificantes, son las semillas de una profunda sensaci￳n de bienestar. La clave reside en no esperar que desaparezcan la tristeza, el miedo o la frustraci￳n para comenzar a vivir plenamente, sino en integrar estas emociones como parte intr■nseca de una existencia aut←ntica y significativa.