Durante los episodios de altas temperaturas, es común observar cómo diferentes individuos reaccionan de maneras distintas al mismo ambiente cálido. Mientras algunos pueden sentir un malestar significativo, otros apenas perciben el calor. Sin embargo, la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) enfatiza que esta sensación subjetiva no siempre es un indicador preciso del riesgo real para la salud. La clave reside en comprender que el organismo no solo registra la temperatura ambiental, sino también el intercambio de calor con el entorno.
El Observatorio del Cambio Climático de la SEMI destaca que la edad, la composición corporal, ciertas condiciones médicas preexistentes, el uso de algunos fármacos, los niveles de humedad, la velocidad del viento e incluso la capacidad de aclimatación de una persona, son elementos que pueden influir drásticamente en cómo se experimenta una misma temperatura. Esta interacción de factores puede llevar a que dos personas en el mismo lugar tengan sensaciones térmicas completamente diferentes. Es particularmente relevante para personas mayores y aquellos con enfermedades crónicas, quienes pueden tener sus mecanismos de termorregulación alterados y, por lo tanto, no sentir el calor a pesar de que su cuerpo esté sufriendo sus consecuencias. No percibir el calor no anula el riesgo inherente para la salud.
Dada esta disparidad entre la percepción y el riesgo, resulta fundamental adoptar medidas preventivas independientemente de cómo se sienta el calor individualmente. Entre las recomendaciones más importantes se incluyen:
Toda esta información vital se resume y presenta de manera clara y concisa en una infografía elaborada por el Observatorio del Cambio Climático de la SEMI, sirviendo como una guía visual para la protección contra los riesgos de las olas de calor.