Un reciente estudio titulado «Salud y Soledad en Personas Mayores», elaborado por la Fundación IDIS y Sigma Dos, ha revelado una preocupante realidad: más de la mitad de la población mayor se siente sola con cierta regularidad. Este fenómeno afecta al 58,3% de aquellos que residen en sus domicilios y al 46% de quienes viven en centros sociosanitarios. El informe, basado en encuestas a 1.101 individuos mayores de 65 años, profundiza en las complejidades de la soledad en la tercera edad, comparando las experiencias de quienes viven de forma independiente con las de los institucionalizados, y señalando cómo factores como la edad y el estado civil influyen en esta problemática.
El estudio, presentado en la capital española el 30 de septiembre de 2026, en vísperas del Día Internacional de las Personas Mayores, por Marta Villanueva, directora general de la Fundación IDIS, y Rosa Díaz, directora general de Sigma Dos, desglosa la situación de 801 personas que viven en sus hogares y 300 residentes en centros. Se observa una diferencia significativa en la edad promedio entre ambos grupos, siendo los institucionalizados doce años mayores, lo que, según Villanueva, "marca mucho la diferencia entre las dos poblaciones".
Además, el estado civil juega un papel crucial: mientras que el 67% de los mayores en sus domicilios están casados, solo el 12,3% de los residentes en centros lo están, y un 56% son viudos. A pesar de que la mayoría declara tener un estado de salud bueno o muy bueno (65,9% en casa y 56% en residencias), la satisfacción general con la vida es ligeramente superior en los centros.
La prevalencia de la soledad no deseada, definida como sentirse solo "siempre o bastantes veces", afecta al 14,7% de los que viven en casa y al 21,7% de los institucionalizados. La investigación también empleó la escala de Jong Gierveld para medir los niveles de soledad, revelando una soledad moderada en ambos grupos (alrededor de 4 puntos en una escala de 0 a 11). Sin embargo, la soledad social predomina en los que viven en sus hogares, mientras que la soledad emocional es más marcada en las residencias. Se entiende por soledad emocional la sensación de vacío o falta de compañía, y por soledad social la percepción de no tener suficientes amistades o apoyo.
Un dato esperanzador es que el 77,6% de los mayores en residencias recibe visitas semanales de sus hijos, un porcentaje mayor que el 69% de quienes viven en casa. Los residentes en centros también reportan mayor facilidad para establecer amistades y más contacto telefónico. Tanto unos como otros otorgan "máxima" importancia a los servicios sociosanitarios, y la mayoría no siente vergüenza al admitir su soledad, reflejando una sociedad más abierta a la salud mental.
El vicepresidente de la Fundación IDIS, Ignacio Vivas, resaltó que si bien el aumento de la esperanza de vida es un logro social y médico, también presenta el desafío de asegurar que esos años se vivan con autonomía, salud y compañía. Subrayó que la soledad impacta negativamente en la salud física y emocional. La longevidad saludable, enfatizó, se construye no solo en entornos médicos, sino también en el hogar, la comunidad, la familia y los centros de atención.
Adolfo Fernández-Valmayor, secretario general de la Fundación IDIS, concluyó el evento con una profunda reflexión: "Estar solo y sentirse solo no es lo mismo". Resaltó que es posible estar rodeado de gente y aun así experimentar soledad, o vivir solo y mantener una rica red de relaciones sociales. Este informe nos interpela a todos sobre la responsabilidad colectiva de prevenir, detectar y responder de manera efectiva a la soledad, un reto fundamental en una sociedad cada vez más longeva. La sociedad debe fomentar conexiones significativas y proveer recursos que alivien este "triste compañero" de muchos de nuestros mayores.