Un análisis conjunto realizado por la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) y el Instituto #SaludsinBulos ha revelado una preocupante tendencia: casi un tercio del contenido relacionado con la longevidad y el envejecimiento difundido en redes sociales en español carece de un respaldo científico adecuado. Este tipo de publicaciones a menudo exagera las conclusiones que la evidencia permite o simplifica en exceso cuestiones complejas, lo que puede llevar a la confusión y a la adopción de prácticas sin fundamento. El estudio, que examinó contenidos de alta visibilidad en plataformas como YouTube, Instagram y TikTok, subraya la urgencia de abordar este problema, especialmente considerando que las personas mayores son el segmento de la población más susceptible a la desinformación sanitaria, según confirman investigaciones independientes.
La desinformación en este ámbito no solo confunde al público, sino que también puede desviar a las personas de hábitos y tratamientos con evidencia sólida, favoreciendo la búsqueda de soluciones rápidas y sin garantías. La proliferación de supuestos expertos sin la formación científica o experiencia clínica necesaria contribuye a la difusión de afirmaciones gratuitas, como la posibilidad de revertir el envejecimiento, una idea que hasta la fecha no ha sido demostrada en humanos por ninguna intervención. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de que tanto los profesionales de la salud como los usuarios de redes sociales desarrollen una mayor capacidad crítica para discernir la información fiable de las promesas infundadas, protegiendo así la salud y el bienestar de la población.
El reciente informe de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) y el Instituto #SaludsinBulos ha puesto de manifiesto una preocupante realidad en el ámbito digital: aproximadamente el 31% de la información en español sobre longevidad y envejecimiento que circula en redes sociales carece de un respaldo científico sólido. Estas publicaciones, a menudo, magnifican los hallazgos científicos, simplifican conceptos complejos o, directamente, propagan promesas sin evidencia alguna. El Dr. Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de SEMAL, advierte sobre la aparición de individuos que, sin la formación adecuada, realizan afirmaciones categóricas, como la posibilidad de detener o incluso revertir el proceso de envejecimiento, una noción que no cuenta con pruebas concluyentes en seres humanos.
La desinformación, en gran medida, se origina a partir de hechos verídicos que son distorsionados o exagerados, frecuentemente con motivaciones económicas. Esta manipulación de la información resulta particularmente dañina para las personas mayores, quienes, según dos estudios independientes, son el grupo más propenso a ser impactado por contenidos sanitarios de baja credibilidad. Estos estudios señalan que la exposición a esta desinformación aumenta con la edad y no está directamente ligada al volumen de contenido consumido. A pesar de que los estudios no se centraron exclusivamente en la longevidad, sí evidencian la vulnerabilidad de este público. La buena noticia es que, aunque la prevalencia de desinformación sanitaria entre los mayores se estima en un 47%, las intervenciones destinadas a corregirla han demostrado ser efectivas, lo que abre una ventana de oportunidad para educar y proteger a este segmento de la población.
El estudio exhaustivo de 70 publicaciones sobre longevidad en redes sociales reveló que 22 de ellas, lo que equivale a un 31%, contenían promesas problemáticas, mientras que el resto ofrecía información fidedigna sobre hábitos de vida saludables y prevención. Las piezas de contenido engañosas se clasificaron en cuatro categorías principales: el 45% prometía detener o revertir el envejecimiento, el 23% promocionaba suplementos o tratamientos con supuestos efectos anti-edad, el 27% empleaba titulares sensacionalistas y el 5% restante utilizaba el concepto de edad biológica como prueba de rejuvenecimiento. El Dr. Castillo enfatiza que, si bien la investigación sobre el envejecimiento es activa y crucial, un mecanismo prometedor no equivale a un tratamiento comprobado, un biomarcador no es un resultado clínico, y un hallazgo en animales no garantiza un beneficio en humanos. El problema más recurrente es la "extensión de la ciencia real", donde resultados preliminares o estudios en animales se presentan como evidencias de rejuvenecimiento humano, confundiendo al público y alejándolo de prácticas respaldadas por evidencia sólida.
YouTube se posiciona como la plataforma con mayor difusión de desinformación, albergando el 55% de los contenidos problemáticos, muchos de ellos presentados como podcasts o entrevistas con títulos exagerados. Instagram contribuye con un 32% y TikTok con un 9%. Para combatir esta tendencia, SEMAL y #SaludsinBulos han elaborado cinco señales de alerta clave: promesas de revertir el envejecimiento o vivir más de cien años, el uso de "edad biológica" como prueba de rejuvenecimiento, citas a premios Nobel o universidades sin especificar si los estudios se realizaron en humanos, titulares que prometen más de lo que el contenido ofrece, y la vinculación de la promesa a un producto, curso o retiro pagado. La capacidad de identificar estos patrones de mensajes permite a los expertos verificar la información y proporcionar al público herramientas sencillas para distinguir la divulgación rigurosa de las promesas sin fundamento científico.