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La vida y el legado de Elisabeth Kübler-Ross: Pionera en la comprensión del duelo

08/20 2026
Este artículo explora la extraordinaria trayectoria de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, una figura fundamental en la psicología moderna. A través de sus experiencias personales y profesionales, transformó la forma en que entendemos y abordamos el proceso de duelo y la muerte.

Un camino de compasión y comprensión: el legado duradero de Kübler-Ross

Los inicios de una vocación: la infancia y juventud de Elisabeth Kübler-Ross

Elisabeth Kübler-Ross, nacida en Zúrich el 8 de julio de 1926, fue la mayor de trillizas y su nacimiento prematuro, con solo 900 gramos, forjó en ella una determinación y energía inquebrantables, cualidades que la acompañarían a lo largo de toda su vida. Desde temprana edad, mostró una profunda vocación de servicio, manifestada a los 21 años al viajar a Polonia para asistir a los supervivientes de la Segunda Guerra Mundial en un campamento de voluntarios en Lucima.

La formación médica y sus encuentros influyentes

Sus estudios en la Facultad de Medicina de Zúrich la llevaron a observar a menudo al renombrado psiquiatra Carl G. Jung. Aunque nunca se atrevió a presentarse, sentía una conexión especial con él. Fue en este periodo donde conoció a su futuro esposo, Emmanuel Ross, un estudiante de medicina estadounidense, con quien contrajo matrimonio en 1958. Poco después, la pareja emigró a Estados Unidos, llegando a Nueva York a bordo del transatlántico Liberté.

Desafíos y dedicación en sus primeros años profesionales en Estados Unidos

En Estados Unidos, ambos comenzaron a trabajar en el Hospital Glen Cove, enfrentándose a largas jornadas y a un salario limitado. A pesar de las dificultades económicas y la barrera del idioma que suponía el inglés para Elisabeth, ella encontraba gran satisfacción en su labor asistencial. Posteriormente, en julio de 1959, inició su residencia en el Departamento de Psiquiatría del Hospital Estatal de Manhattan, un centro que albergaba a numerosos pacientes con enfermedades mentales graves, muchos de los cuales habían pasado décadas allí.

Innovación y empatía en el tratamiento psiquiátrico

Con una sensibilidad única, la Dra. Kübler-Ross implementó métodos innovadores para mejorar la calidad de vida de sus pacientes. Ayudó a mujeres internas a recuperar la autonomía a través de tareas sencillas como vestirse y peinarse por sí mismas, lo que les brindó un sentido de propósito y autocuidado. Su enfoque humano, basado en la premisa de que “mis pacientes sabían que me importaban y fueron mejorando”, incluso la llevó a acompañar a algunas de ellas en salidas al exterior para realizar compras y aprender a usar el transporte público, a menudo enfrentándose a la resistencia de sus superiores.

El revolucionario modelo de las fases del duelo

La Dra. Kübler-Ross alcanzó reconocimiento mundial por su revolucionaria conceptualización del duelo como un proceso natural con fases distintas. Observó, a través de innumerables historias de personas que enfrentaban pérdidas, patrones comunes en la experiencia del dolor. Este proceso, según sus estudios, comienza con la negación, seguida de la ira, la negociación, la depresión y, finalmente, la aceptación. Este modelo no solo se aplicaba a quienes perdían a un ser querido, sino también a los propios enfermos terminales.

La aceptación ante la inminencia: el consuelo al final de la vida

Kübler-Ross destacó que permitir a los enfermos terminales expresar su ira, miedos y tristeza les facilitaba alcanzar un estado de aceptación. Aunque su condición física no mejoraba, su bienestar emocional y espiritual sí lo hacía, llegando incluso a experimentar una serenidad notable poco antes de morir. Ella solía decir que “prácticamente en todos los casos, la muerte venía precedida por una singular serenidad”, lo que subraya su profunda comprensión de la experiencia humana al final de la vida.

El legado eterno de una psiquiatra visionaria

El impacto de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross en la psicología y el cuidado paliativo es imborrable. Falleció en Arizona, Estados Unidos, el 24 de agosto de 2004, a los 78 años, dejando un legado que continúa inspirando. Su amigo y coautor, David Kessler, registró su partida. La Dra. Elisabeth, como prefería ser llamada, nos legó una profunda verdad: “lo único que realmente dura para siempre es el amor”, un mensaje que resuena con la esencia de su trabajo y su vida dedicada a la compasión y la comprensión del sufrimiento humano.