Desde que el pasado 15 de mayo se confirmara el brote de Ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC), la cifra de víctimas mortales ha alcanzado los 2.325, según los datos más recientes proporcionados por las autoridades congoleñas. Esta epidemia se posiciona como la segunda más devastadora en la historia del país, no solo por su alta mortalidad, sino también por la rapidez con la que se están multiplicando los casos, atribuida a la cepa Bundibugyo, que aún carece de vacunas y tratamientos específicos.
Con un total de 4.945 casos confirmados hasta la fecha, el brote actual ha superado en número de contagios y fallecimientos a la epidemia que azotó el este de la RDC entre 2018 y 2020, la cual causó 2.299 muertes y 3.481 casos. A pesar de su magnitud, aún no alcanza los niveles de la peor crisis de Ébola de la historia, que entre 2014 y 2016 dejó 11.000 fallecidos y 28.000 contagiados en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry.
Philippa Boulle, directora médica adjunta de Médicos Sin Fronteras (MSF), ha manifestado con preocupación que “la situación es más crítica que nunca”. Boulle enfatiza que, a pesar de los esfuerzos incansables de los equipos médicos en primera línea, el brote se propaga a un ritmo alarmante y sin precedentes. El último boletín del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la RDC, con datos hasta el 15 de agosto, revela una tasa de letalidad del 47%.
La enfermedad, causada por el virus del Ébola, se transmite entre personas y animales infectados, provocando fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas. Actualmente, 730 pacientes se encuentran en aislamiento u hospitalizados, y 1.040 personas han logrado recuperarse, mientras que la tasa de rastreo de contactos se sitúa en un 85,3%. Esta es la decimoséptima epidemia que afecta a la RDC, y ya se ha convertido en la más letal y con mayor número de contagios en la historia del país, afectando a seis provincias, siendo Ituri el epicentro.
Médicos Sin Fronteras, con 1.400 integrantes en el terreno gestionando siete centros de tratamiento con 480 camas, advierte que el brote no muestra signos de disminuir, con nuevos casos sospechosos en áreas no identificadas previamente. La organización subraya la necesidad crítica de que la respuesta supere el ritmo de transmisión para evitar más pérdidas de vidas. La ONG insiste en que la respuesta médica internacional debe intensificarse de inmediato, ya que existen aún muchas deficiencias críticas por resolver.
A pesar de los avances en las pruebas de detección y el rastreo de contactos, estos esfuerzos siguen siendo insuficientes para contener la epidemia. MSF recalca la necesidad urgente de una mayor participación comunitaria. Sin la involucración central de las comunidades, la vigilancia y el rastreo de contactos seguirán fallando. Es fundamental una mayor integración de las comunidades locales para asegurar la detección temprana de casos y un seguimiento riguroso.
El brote de Ébola se inscribe en un escenario de crisis humanitaria preexistente. Enfermedades como la malaria, el sarampión, el cólera y la desnutrición continúan causando una considerable morbilidad y mortalidad. Es crucial mantener el apoyo a los centros de salud para que puedan seguir ofreciendo servicios sanitarios esenciales y proteger a los trabajadores sanitarios. Se exige proporcionar suministros médicos, incentivos y apoyo a los equipos de primera línea, además de garantizar que las restricciones fronterizas o las cargas administrativas no obstaculicen la rotación del personal humanitario ni la entrega de ayuda.
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertó la semana pasada que la epidemia actual, con su rápido crecimiento de casos, tiene el potencial de alcanzar las cifras de la crisis de 2014-2016 en África occidental. El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) reitera que la transmisión de la enfermedad “se mantiene activa” y que el “refuerzo” de la vigilancia, la capacidad de tratamiento y la movilización comunitaria “sigue siendo esencial”. La OMS reveló que el virus comenzó a circular en el este congoleño en febrero, aunque investigaciones sugieren que pudo haber sido incluso antes, en enero. Tras su declaración, el virus se extendió a Uganda, que posteriormente fue declarada “libre de Ébola” el 28 de julio, después de registrar 20 contagios confirmados, incluidos 15 casos importados de la RDC, con dos fallecimiento