En el mundo del ejercicio físico, la aparición de agujetas, conocidas técnicamente como dolor muscular de aparición tardía (DOMS), ha sido a menudo interpretada erróneamente como la confirmación de un entrenamiento exitoso y riguroso. Sin embargo, esta percepción común es desmentida por Rubén Marco, un reconocido especialista en fitness y experto en calidad de entrenamiento personal en Metropolitan. Marco subraya que la presencia de agujetas no es un indicador definitivo de un buen desempeño o de la efectividad del ejercicio, y que existen numerosos mitos arraigados en torno a este fenómeno muscular que necesitan ser aclarados.
El 21 de septiembre de 2026, Rubén Marco, destacado especialista en el ámbito del fitness y la preparación física, ha arrojado luz sobre una de las creencias más extendidas y erróneas en el universo del ejercicio: la idea de que la aparición de agujetas es una señal inequívoca de un entrenamiento bien ejecutado. Según Marco, cuyo cargo es Fitness Area & PT Quality Specialist en Metropolitan, el dolor muscular de aparición tardía (DOMS) es simplemente una respuesta del organismo ante un esfuerzo al que el músculo no está habituado. Este dolor, que se manifiesta horas después del ejercicio y alcanza su punto álgido entre las 24 y 72 horas posteriores, surge principalmente cuando los músculos son sometidos a estímulos nuevos o poco comunes, o a movimientos que implican una fase excéntrica significativa, como descender escaleras o realizar sentadillas.
Contrario a la creencia popular, Marco enfatiza que un entrenamiento puede ser altamente efectivo y beneficioso sin necesidad de provocar agujetas. La verdadera medida de una sesión de ejercicio exitosa debe basarse en el cumplimiento de objetivos, la progresión constante, la correcta aplicación de la técnica y una adecuada recuperación, y no en la intensidad del dolor muscular al día siguiente. El especialista también ha desmentido el mito de que el agua con azúcar es un remedio eficaz para las agujetas, explicando que estas no son causadas por una acumulación de ácido láctico o cristales de lactato, sino por pequeñas alteraciones e inflamaciones musculares.
En cuanto a la gestión de las agujetas, Marco aconseja que, si bien una actividad ligera como caminar o estiramientos suaves puede aliviar temporalmente las molestias, no se debe recurrir a entrenamientos intensos para "curarlas", ya que esto podría dificultar la recuperación y, potencialmente, causar más daño. Para el entrenamiento de fuerza, recomienda un periodo de descanso de entre 48 y 72 horas antes de volver a trabajar el mismo grupo muscular. Su principal mensaje es claro: el objetivo no es evitar por completo las agujetas, sino evitar que sean excesivas. La clave reside en una progresión gradual, evitando aumentos abruptos en la intensidad del ejercicio y priorizando un descanso adecuado, lo que permite al cuerpo adaptarse y fortalecerse de manera óptima.
Las revelaciones de Rubén Marco invitan a una reevaluación fundamental de nuestra relación con el dolor post-ejercicio. Nos enseñan que la verdadera medida de un entrenamiento exitoso reside en el progreso constante, la técnica impecable y una recuperación consciente, más allá de la mera sensación de dolor. Esta perspectiva nos anima a escuchar a nuestro cuerpo, a evitar la sobreexigencia y a adoptar un enfoque más inteligente y sostenible hacia el fitness, donde el bienestar a largo plazo prevalece sobre la gratificación instantánea de un dolor malinterpretado. Es un llamado a la paciencia y a la sabiduría en nuestra búsqueda de una vida activa y saludable, recordándonos que el camino hacia la fuerza y la resistencia se construye con consistencia y cuidado, no con la tortura innecesaria de nuestros músculos.