Los despertares abruptos con una sensación de miedo extremo y manifestaciones físicas intensas, como taquicardia o dificultad para respirar, son característicos de los ataques de ansiedad nocturnos, también conocidos como ataques de pánico durante el sueño. Estos episodios alcanzan su punto culminante en pocos minutos y luego disminuyen. Manejar estos eventos requiere prácticas como la respiración controlada y el enfoque en el presente. Es crucial buscar atención médica si se experimentan por primera vez o si hay dolor en el pecho.
Imaginemos la escena: el individuo, sumido en un sueño profundo, se despierta de repente, con el corazón latiendo desbocado. La sensación de asfixia, el sudor frío y los temblores se apoderan del cuerpo, mientras una convicción ilógica de que algo terrible sucede invade la mente. No hay recuerdo de haber soñado. Al encender la luz y sentarse, el cuerpo recupera gradualmente la normalidad. Sin embargo, lo que persiste es a menudo peor: el temor a que el episodio se repita cada noche al apagar la luz. Este fenómeno es más común de lo que se cree, y entenderlo es el primer paso para restarle poder.
Un ataque de pánico nocturno es esencialmente la misma reacción de miedo intensa que puede ocurrir durante el día, pero que se desencadena mientras la persona duerme. Esta ola repentina de angustia o temor se manifiesta con una serie de síntomas físicos y mentales, llegando a su pico en cuestión de minutos. Puede presentarse de forma aislada en periodos de alto estrés o ser parte de un trastorno de pánico más generalizado.
Un aspecto distintivo de los ataques nocturnos es su naturaleza desconcertante. Investigaciones previas, como la realizada por Thomas Mellman y Thomas Uhde en 1989, demostraron que estos ataques suelen surgir durante la fase de sueño no REM, específicamente en la transición hacia el sueño profundo, en lugar de durante el sueño REM, donde se producen los sueños más vívidos. Esto significa que generalmente no son la culminación de una pesadilla.
La psicóloga Michelle Craske, junto a Jennifer Tsao, concluyó en 2005 que los ataques de pánico nocturnos son frecuentes entre quienes padecen trastorno de pánico y suelen coexistir con episodios diurnos.
Los síntomas de un ataque de ansiedad nocturno son idénticos a los de un ataque de pánico diurno, con la salvedad de que se manifiestan al despertar de forma abrupta. La combinación de un miedo súbito e intenso con sensaciones físicas muy pronunciadas es la característica principal. Entre las sensaciones más comunes se encuentran:
Muchas personas también describen una mezcla de confusión y alerta, despertando completamente y sin la somnolencia habitual. Después del episodio, suele ser difícil conciliar el sueño de nuevo, y al día siguiente es común sentirse agotado y preocupado.
Es fundamental recordar que esta descripción es orientativa y no sustituye un diagnóstico profesional. Solo un especialista puede determinar la causa de los síntomas. Si los episodios son recurrentes, si el miedo a que se repitan afecta el sueño o si se comienzan a evitar situaciones por temor, es aconsejable buscar ayuda profesional. La terapia cognitivo-conductual es el enfoque psicológico con mayor evidencia para tratar el pánico, incluyendo los ataques nocturnos.
Esta terapia ayuda a comprender las reacciones corporales durante un ataque, a modificar las interpretaciones catastróficas de las sensaciones y a superar el miedo a ellas, a menudo mediante una exposición gradual y segura. En ciertos casos, un médico o psiquiatra puede considerar la medicación como parte del tratamiento. Si en algún momento se experimentan pensamientos de autolesión, es crucial buscar ayuda inmediata.